martes, 23 de mayo de 2017

SÍSIFO Y EL HOMBRE REBELDE


Bien está lo que bien acaba si el acabar es un principio, en ese punto está el Partido Socialista Obrero Español y no hay que darle mucha vuelta a la cuestión. O se entiende que las primarias de ayer marcan  el año cero, o perseverar en las glorias del pasado acabará en la extinción de una de las organizaciones políticas más necesarias para España.

No veo yo a Pedro Sánchez muy cargado de razones de gobierno que hubiesen de facilitar un tranquilo navegar, es cierto, pero también he de afirmar que ha sabido ser coherente y ahí corresponde otorgarle el mérito. Los pesos pesados del socialismo español, apoyados en una gran masa social cargada de ilusión que creyó sus mentiras, han sido buhoneros incorporados a las élites extractivas de las que decían defender al pueblo.  Las diferentes ejecutivas del PSOE y sus representantes autonómicos, se han pasado decenios  en constante conflicto por mantener el estatus al margen del interés de sus votantes. La derivada es conocida por todos: se abandonó la idea de una izquierda de progreso  y la derecha más conservadora e involucionista pudo crecer en su electorado sin encontrar resistencia.

En la previa de las elecciones municipales de 2015, en las que tuve el atrevimiento de postularme, pude observar que el socialismo parecía un personaje bipolar e histriónico que un día  era federalista, otro tradicionalista, otro nacionalista y si se daba la necesidad, revolucionario de arma en mano. En resumen, la magra ideología que atesoraban las siglas, hubo de verse sustituida por la estrategia dirigida a mantener cuota electoral a cualquier precio. El miedo, el arma que tan bien definió José Luís Sampedro, llevó al socialismo a una nueva concepción de su realidad: se llegó al socialisto. Se pretendía mantener la gallardía de otro tiempo, pero perdidas las razones, quedó la picardía como único argumento. No en balde, el PSOE se sabía parte del latrocinio hispano y por tanto no podía apelar a las masas para cambiar el país. El hacer planteamientos directos para poner límite a la corrupción del Partido Popular, hubiese dejado al aire las vergüenzas propias y eso, nadie lo duda, no podía permitírselo. 

Miren, esto ya es viejo, la ejecutiva que ha resultado de las primarias no ha de quedarse en la personalidad o donaire del Secretario General. Hartazgo es repetir que el gran desafío del PSOE es recuperar el control de la situación en sus reinos de taifas y establecer una estructura de poder que pueda dirigir de forma eficaz y eficiente el asalto, no al poder, sino a la pretérita confianza de la gente. Insisto, es cansino repetir las cosas, pero atendiendo a que la realidad se impuso del peor modo y permitió ver lo insustancial del estómago socialista, toca otra vez recordar a los responsables del nuevo momento, que corresponde luchar –sin populismos- por la justicia social basada en la sociedad del bienestar.

El mérito de Pedro Sánchez es haber demostrado que las bases son la verdadera sabia del partido. En torno a esa idea se han significado antiguos silencios que ahora son voces que hablan alto: corresponde abandonar el disimulo, llamar a las cosas por su nombre y retomar la decencia como el arma más liberadora y mortífera. Todo lo sucedido hasta el momento ha sido consecuencia de que los barones, factótums o  llámenles como quieran, sentían como se les apretaba la soga que tenían al cuello y deseaban, a toda costa, salvarse.

Escucho y leo hoy valoraciones que hacen imaginar una nueva guerra civil atizada por los antropófagos podemitas y los diablos cujuelos nacionalistas, pero en lugar de tanto llamar a somatén para salvar España, quizás deberíamos entender que solo será posible esa salvación, si por encima de la ideología, ponemos la integridad. Eso se consiguió, ciertamente de forma embrionaria, hace dos días con las primarias socialistas. Podemos y Ciudadanos son el mejor síntoma de la propia realidad del PSOE y ha de explicar que la pérdida de contenido e ideología, hizo que estas formaciones, demasiadas veces vacías de programa, pescasen en las aguas socialdemócratas.

En toda ciudad y pueblo deberán abandonar sus puestos los que dicen defender el Socialismo del pasado. No son ya adalides de otra causa que no sea la suya propia, son políticos profesionales que durante demasiado tiempo mordieron la mano de su amo, me refiero al ciudadano. ¿Saben?, yo ya no pienso ni en la posibilidad de ganar elecciones, creo que toca devolver la dignidad a la labor política y demostrar que el progresismo es la vía y que por mucho que se elucubre,  no queda otra. Toca abandonar el miedo que antes apuntaba y mirar a la izquierda en general, abandonar el navegar errático y los pactos como opción de supervivencia de la cúpula y centrarse en la ineludible labor de limpiar la corrupción en el partido, las instituciones y regenerar la Democracia en España.

Saben que duermo y sueño muchas veces a la sombra de Albert Camus y hoy me doy en ello otra vez.  Toca ver a la serpiente en el despertar de los nuevos totalitarismos ideológicos, entender que tanto derecha como izquierda deben obligarse a un constructivo  diálogo, pero que en ese diálogo, la izquierda y las posiciones del PSOE deben dar sentido a la rebeldía evitando el nihilismo y demostrando la existencia de alternativas viables. 

En las primarias del domingo, uno recordó que hay que negar el mito de Sísifo y afirmar que la esperanza existe si el hombre rebelde se entesta en creer en ella. La posición de Pedro Sánchez no está desprotegida, los enemigos de su victoria parecen explicarla.

POLITICA ES MORAL

miércoles, 17 de mayo de 2017

LA PUTA MILI


Muchas formas hay de acometer eso del servicio militar, lo que popularmente conocemos como mili. La más visible es la que apela a aquello tan decimonónico de servir a la patria, honrar las tradiciones y proteger el territorio de los enemigos. En cualquier caso, uno de forma aviesa prefiere cargarse la idea primigenia y tirar por caminos más tortuosos aunque el recorrerlos nos dañe los pies un poco. Les invito a una marcha forzada hasta un acuartelamiento que se abandonó hace ya mucho tiempo: el sentido de la corresponsabilidad.

Uno camina con objetivo pero en ocasiones, también disfruta con aquello de deambular sin más destino que ver, oír y callar. En ese estar sin pretensiones es cuando aprendemos más, pues la supuesta pérdida de tiempo, nos hace ganar la verdadera realidad. Esta sociedad se ha desprendido de todo aquello que suponga esfuerzo, ha alargado la adolescencia hasta la madurez y ha conseguido que los supuestos adultos no sirvan para enseñar nada que no sea la gran obra teórica y práctica del hedonismo. En resumen, nuestro presente conjuga la primera persona del plural con un yo y no con un nosotros. ¿Imaginan el motivo?, ¿no?, pues es muy sencillo, nuestro país ha diluido los ritos iniciáticos y dotando de igual valor  la percepción de niños y adultos, ha dinamitado las etapas que cualquier ser humano ha de menester para madurar y convertirse en un elemento colaborante y por tanto valioso para el cuerpo social y el futuro del mismo.

Creemos educar a nuestros hijos, pero en realidad les sobreprotegemos y tan solo les aportamos conocimientos. Pretendemos que nunca sufran frustraciones, que no se sientan agraviados, les deseamos mansos y bajo control, les hacemos ver que no han de preocuparse por nada, que no es necesario competir, que siempre estará todo bien. Les convencemos sin palabras de que su calidad de vida no variará y que tienen derecho a ser felices. Les asalvajamos en su corrección formal, pues lo que observamos a simple vista, en realidad, está enfermo. ¿No han visto nunca a menores ordenar a sus padres que ha de comprarse en un supermercado o en unos grandes almacenes?, estoy convencido de que sí han tenido esa experiencia. También les diré, que muy probablemente, este ser impertinente les ha puesto un espejo frente a la cara. Les ruego me perdonen…

Miren, yo necesito recogerme cuando la tormenta arrecia, por ello construyo diques con los libros y así, mejor o peor, me salvo el cuello y doy razones a quienes me preguntan. Existen escritores que escribiendo supuestamente ciencia-ficción, nos patean los bemoles y nos ponen en nuestro sitio. Viene hoy al pelo de un calvo el insigne Herbert George Wells, el conocido autor de La Guerra de los Mundos y una lapidaria reflexión que le pertenece: hay verdades en las que se tiene que crecer. Poco podría uno añadir, pero para quien quiera dejar de pensar que Wells era críptico, les diré que hay que acercarse a la realidad cruda, a la vida en definitiva y sufrirla y disfrutarla en igual medida. Un ciudadano no nace en una arcadia, un ciudadano nace en un mundo imperfecto y su crecer debe llevar emparejado el esfuerzo de entenderlo.

Necesitamos recuperar los ritos, las vitales fronteras internas que nos hacen visualizar nuestra progresiva capacitación y las derivadas de nuestros actos en nuestro entorno. Como bien indica mi amigo Miguel, necesitamos momentos en la vida que nos ayuden a ser independientes, al cabo, personas con criterio propio en mitad del caos y también inmersos en la más kafkiana disciplina. No imaginen que apelo a un servicio castrense y carente de más sentido que la obediencia ciega sobre preceptos muchas veces incongruentes, lo que intento indicar es que debemos recuperar espacios comunes en los que nos reconozcamos de forma absoluta y dejemos de  mirarnos el propio ombligo y empecemos a mirar a los demás a los ojos.

No diré que mi periodo militar fuese muy normal, pero tampoco viene al caso explicar las tradicionales batallitas que todos los viejunos tenemos, pero si hay un aspecto que deseo resaltar: en la mili entendí las asimetrías de mi país y si no había madurado bastante, con 19 años entendí que el mundo era muy grande, que mi casa era una anécdota y que debía valorar lo que mis padres me habían dado. Conocí a jóvenes de familia adinerada y también pobres de solemnidad, muchachos que se habían incorporado al servicio con una novia embarazada, soldados que buscaban fórmulas para escapar de aquella obligación por necesitar sus familias perentoriamente su sueldo, yonkis que tal como llegaban a destino eran enviados al Hospital Militar para desengancharlos de la droga y chavales que no habían estudiado y que a mitad de los años ochenta del siglo pasado tan solo sabían escribir su nombre. En definitiva, me sumergí en la muestra viva más amplia de lo que era España que jamás había visto.

Regreso con la mula al trigo y les afirmo que los ritos nos abren puertas al tiempo que nos ayudan a cerrar otras, pues marcar puntos de inflexión nos permite reconocer el propio progreso y empoderarnos de forma positiva. No contemplar las necesarias etapas de un viaje vital, nos aboca al marasmo insustancial y rentista. Nuestros jóvenes y nosotros los adultos- como mentores de los mismos- hemos de retomar la idea de que nuestras libertades son hijas de nuestras comunes obligaciones.  Reconocer la necesidad de los ritos es útil y tiene una base tradicional en su acepción más positiva: existen aspectos objetivamente de progreso en una sociedad. Hemos de hacerlos visibles y enseñar que compartir tareas con los demás es lo que mejor construye el propio carácter. De ahí la necesidad de una mili que no tendrá porqué armarse con fusiles y artillería, será suficiente con llevar a la joven ciudadanía a comprometerse en servicios visiblemente necesarios y que les alejen de la cómoda realidad de sus familias. Podrán preguntar por aquellos que no disfruten de esa comodidad y deberé apuntar que también los que estén en riesgo verán, en mancomunar esfuerzos, el compromiso de un Estado por acompañarles en el logro de un mejor futuro.

Toca replantear el modelo de sociedad, debemos dotar de carácter a nuestras nuevas generaciones y si entendemos que no es el Ejército la institución adecuada, habrán de crearse periodos de servicio para mujeres y hombres en aquellos lugares en los que las necesidades atendidas doten a los que presten servicio de trascendencia ante ellos mismos. Miren, el servicio desinteresado y alejado de los algodones pone a las personas en relación directa con algo que supera su individualidad y facilita el sumar personas y no gentes.

Hemos de redefinir el servicio militar como servicio generacional y llevar la idea a la consciencia y a la conciencia del individuo, en definitiva, ha de regresar la sociedad a establecer momentos que nos obliguen a valorar nuestra realidad. El tiempo que tarde en lograrse es algo difícil de establecer y es evidente que quizás no siempre sería necesario un compromiso desinteresado durante un periodo de tiempo largo, pues ciertamente existe una juventud comprometida en nuestros días, pero la verdad es que porcentualmente no inhabilita mí planteamiento. No podemos permitirnos ser sutiles y políticamente correctos pues tan solo sentándonos a ver la televisión, nos explica claramente la cosa uno al que llaman Hermano Mayor y también un voluntarioso juez que no deja de sorprenderse con los delitos y faltas de los menores, me refiero a Emilio Calatayud.

Les ruego que no se permitan hablar de involución en base a lo que planteo. Nada más lejos de la realidad, se trata de una postura a todas luces progresista, pero con una cierta sabia de progreso que coge el toro por los cuernos. Debemos dejarnos de simulacros pedagógicamente buenistas y poner en valor lo tangible como el mejor libro de texto. No existen fórmulas mágicas y tengo el convencimiento que de evitarse el denigrar a los jóvenes en sus funciones voluntarias, se entendería la necesidad de saber la trascendencia de nuestros actos y la exigencia inapelable de ponerse manos a la obra.

Permítanme confesarles que me ha llevado hoy a recordar acuartelamientos. En una reunión dedicada a programar la práctica deportiva en mi municipio, el técnico municipal explicitó problemas de relación con algunos clubes por demandar estos que la práctica de su disciplina siempre fuese en instalaciones cubiertas. A mi pregunta sobre el motivo, el funcionario respondió que los padres exigían que los niños no pasen frio en invierno o se mojen cuando llueve. Bien, yo me encabroné un poco –he de reconocerlo- pero con la mayor flema que pude apostar, advertí que si esa es la prioridad de los progenitores de los hombres y mujeres del futuro, quizás no merecen vivir en nuestro pueblo, disponer de las infraestructuras del mismo y tener el privilegio de que sus hijos tengan la posibilidad de elegir el deporte en el que sienten contentos...

Me desconecté del parloteo y no les diré otra cosa, pensé que aquí lo que hace falta es que vuelva la puta mili.

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domingo, 7 de mayo de 2017

EN BANLIEUE


Francia tiene un nuevo Presidente, la Unión Europea respira tranquila, Angela Merkel habrá brindado con una buena pilsener y a mí, estimados amigos, me parece que seguimos en el mal camino.

El país que nos empieza en los Pirineos es una gran incógnita en su realidad y esta, de querer conocerla, la describió magistralmente Albert Camus: comprendió que hay dos verdades, una de las cuales jamás debe ser dicha. Así es la República Francesa en la actualidad, una gran fachada neoclásica que de ser traspasada, nos muestra unos salones sombríos y afectados por una voraz carcoma.

La realidad de los galos es la que es y no hay que minimizarla, les salva su peso específico en una Europa que hace aguas y que no puede permitirse otro Brexit.  En resumen, no se trata de lo que ya no sean nuestros vecinos, se trata de lo que su caída podría provocar a un continente que ha perdido el norte. No podemos obviar que la economía francesa -casi en su cincuenta por ciento- depende del sector público y los problemas sociales que padece el país son casi insondables.

Desde la Segunda Guerra Mundial y en especial desde la pérdida de Argelia, el orgullo francés se ha mantenido a precio de mirar a otro lado cuando las cosas evidenciaban una más que evidente decadencia. La realidad territorial está salpicada de reductos más propios de países subdesarrollados que de eso que llamamos primer mundo: les banlieues. De querer entender la deriva de la política de nuestros vecinos ese es el aspecto a estudiar, pues se podrá hablar de economía y de Europa, pero Francia mantiene una guerra silente en su territorio y la misma le está costando el futuro.

Hace ya muchos años, un noble militar francés, veterano de Indochina y Argelia me llevó de la mano a un futuro que hoy se concreta. Afirmaba el jubilado mílite  que su país no podría mantener una tutela económica sobre sus ex-colonias y que en general, Europa y los Estados Unidos erraban imponiendo dictaduras en el mundo árabe que garantizasen sus intereses. Advertía el antaño paracaidista, que las grandes ciudades acogían cada vez un mayor número de población proveniente de las antiguas posesiones francesas y que ello no era más que la consecuencia de una desastrosa realidad social en aquellos países. Intuía, mejor dicho, veía que mantener élites extractivas en las antiguas posesiones, ayudaba a mantener privilegios económicos en la metrópoli, pero el precio sería el conflicto social en casa entre las clases más desfavorecidas. No supo en su momento predecir cuando llegaría el estallido, pero lo tenía claro, de no hacer nada, sucedería algo que no permitiría solución.

Habló mucho de les banlieues, los arrabales de las grandes ciudades francesas y de la evidente segregación de los mismos  a causa de las grandes masas de población musulmana que llegaba a Francia buscando una vida mejor y sobre la que no se estaba consiguiendo una verdadera integración en los valores de la República. Nuestras conversaciones siempre acababan  con el reconocimiento de un temor que ensombrecía aquel arrugado rostro: si los inmigrantes no se llegaban a considerar plenamente franceses, sería muy difícil evitar conflictos. Preguntado por esos conflictos, para mi sorpresa, apuntó a la clase obrera como desencadenante: los franceses más desfavorecidos habrían de buscar soluciones extremas.

Corría la primera mitad de los años ochenta del siglo pasado y lo que imaginó aquel paracaidista se concreta en el presente. La asimetría social gala ha hecho regresar las posiciones totalitarias y no ha de extrañarnos. Regreso así al principio de la reflexión, quizás la fachada de Francia brille esta noche con la sonrisa de Emmanuel Macron, pero el corazón de los franceses ríe torticeramente con Marine Le Pen.

Hoy también pienso en un amigo que me acompañó al pasado, mejor dicho a la génesis de la República y me mostró la relevancia de un periodo diluido en la supuesta grandeza de la historia gala. Me refiero a la guerra de la Vendée, un levantamiento popular contrarrevolucionario que entre 1793 y 1796 movilizó a la población rural de la zona del mismo nombre contra las imposiciones de las nuevas autoridades.

Les invito a dar una vuelta por la historia, también ahora, a una gran parte de la población francesa le cuesta creer en aquello de la liberte egalite fraternite. ¿Saben?, los valores han de mantenerse con los hechos. Sucede que en Francia y en toda Europa sobran ya las palabras y se añoran los hechos.

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lunes, 1 de mayo de 2017

JODIDOS SIERVOS DE LA GLEBA


Hoy es uno de esos días en los que la tristeza me invade y aborta cualquier sonrisa que se atreva a asomarse al balcón de mi boca. Hoy celebramos una enorme mentira, hoy veo que hemos tirado todo por la borda.

Vamos a ver, lo que debemos tener en cuenta, el dato que habría de encender ánimos y provocar reacciones, lo ha ofrecido la Agencia Tributaria como aquel que no quiere la cosa: el 47% de los trabajadores españoles cobran menos de 1000 euros al mes, en un país en el que el salario mínimo interprofesional es de 707,60 euros. El dato es frio y doloroso, los españoles se mantienen o se incorporan al mercado laboral en precario. Es, objetivamente, una causa belli (un motivo de guerra) pero no sucederá nada, absolutamente nada. La masa social está más arrodillada que nunca, ni siquiera los siervos de la gleba medievales definieron una situación de sometimiento como la que hoy vivimos

Los siervos de la gleba eran, a efectos prácticos, esclavos sin más derechos que los que el propietario de las tierras que trabajaban les otorgaba.  La nobleza de aquel momento histórico daba y quitaba futuro sobre unas gentes que para la misma eran poco más que animales. ¿No reconocen la analogía?. Imagino que sí aunque no deseen hacerlo, en cualquier caso toca decirlo y ayudarles a que se lo traguen aunque resulte amargo.

Hoy, en la manifestación de Barcelona, la convocatoria del día de los trabajadores ha mostrado –una vez más- nuestra incapacidad de defender el derecho a un trabajo digno. Hablo de nuestra capacidad por una razón lapidaria, pues para los que manejan el cotarro económico, ya está bien pero que muy bien el sistema. Lo han conseguido amigos, nos han dormido la voluntad con mentiras que, a fuerza de ser repetidas, ya nos parecen verdades, ¿me dirán que no?.

Lo vivido hoy es la representación de una derrota, quizás la más amarga de todas, pues es fruto de una absoluta falta de unidad de criterio frente a los abusos que la ciudadanía padece. Tres horas diferentes para iniciar la manifestación dependiendo de quién convocaba, mucha bandera partidista y la falta de un mensaje consensuado duro y directo, nos han dado medida de nuestra debilidad. Es un hecho, eso que llamamos la izquierda progresista (yo desearía denominarla de progreso) no está unida, quizás nunca lo estuvo, pues es más que evidente que cuando un sindicalista se hace con dinero deja de ser sindicalista, igual que cuando un cura llega a obispo deja de creer en Dios.

La celebración del primero de mayo ya parece no tener sentido. Permítanse mirar de frente a la realidad, por un vez permítanse el ser sinceros consigo mismos. El puñetazo de casi cuatro millones de parados debería dejarnos KO, también se nos deberían atragantan las familias que viven de forma perentoria a pesar de tener trabajo y no pueden hacer frente a las necesidades básicas de vivienda, alimentación, educación y sanidad. Por otro lado, reconocemos otra franja social atada a las hipotecas, a los préstamos personales, a la letra del coche, a la mutua de salud privada, al colegio concertado y a un consumo desaforado que le rellene una vida que está vacía si no se trata con buenas dosis de tarjeta de crédito, ¿me dirán que no?. No sé, el plan ha funcionado, se ha conseguido que la contestación se acalle gracias a la tortura del Tántalo, es decir, a un tormento continuado que nos mantiene al límite pero sin ahogarnos. Es inapelable que estamos pillados por las gónadas, pues es tanto lo que nos tiene atados de pies y manos que hay que tragar con trabajos de mierda para seguir viviendo endeudados.

Uno va viendo como el compromiso de las gentes o los partidos políticos se muestra en aspectos que no comprometan su realidad económica pero que permitan parecer unos revolucionarios mega-activos. Nacionalismo como fórmula radical de cambio, lucha de género, ecologismo, protección de los animales de compañía y no sé cuantas trincheras más, tranquilizan conciencias sin generar cambios cuya finalidad sea el bienestar del cuerpo social. Vivimos como podemos esperando tiempos mejores que a todas luces ya no resultan posibles. La clase política ha visto y sigue viendo a sus votantes como ubres a ordeñar y han hecho del erario público un caladero que llena su bolsillo y garantiza su futuro robándoselo a otros. Pero lo peor de todo es que aquellos a los que se les expolia se olvidan de su desgracia y ponen voluntad y narices en defender a clubs de futbol olvidando a sus hijos. Quiero decir que si bien es cierto que nos machacan sin disimulo, nosotros somos culpables de mirar a otro lado. Seguro que les suena: si yo estoy bien, todo lo demás está bien. Así de lerdos somos, así de lerdos.

Estoy harto, estoy casi agotado. Ver hoy a políticos hablar de futuro frente a las cámaras cuando ellos se lo han cargado, genera ganas de repartir hostias a manos llenas. Ya no es un exabrupto, empieza a ser una tentación de muy difícil gestión. En definitiva, se necesita un cambio y no parece ser factible en la Democracia tal como la entendemos o mejor dicho, entendimos en aquel lejano 1978. Concejales, diputados, senadores y todos los cargos electos, sea cual sea su adscripción y naturaleza, se muestras llenos de palabras y no nos ofrecen ningún hecho.

Ni tan siquiera podemos confiar en una justicia que cercene los miembros gangrenados del sistema. La política elige el sistema judicial, así los ladrones se han juzgado y juzgan a si mismos. ¿Las sentencias?, siempre a favor del latrocinio, ¿qué esperaban?. ¿Es usted un presidente autonómico, el yerno de un rey o un ministro?, no se preocupe que la justicia seguirá su curso para llegar a ninguna parte: estoy seguro que nadie ha visto regresar a las arcas públicas lo que semejantes ladrones robaron. ¿Es usted un pequeño comerciante y pide aplazar el pago de un IVA?, dese por jodido, pagará un recargo. ¿Motivo?, los siervos deben pagar puntuales para mantener los vicios de los amos. ¿Qué dramatizo?, pues bueno, pues vale, para ustedes la perra gorda.

Primero de mayo, Día del Trabajador, menuda broma de mal gusto. Echen cuentas, la economía española vive de la deuda, de la especulación financiera y se aleja de la economía productiva. Un trabajador de cadena industrial, con una jornada de ocho horas o más, cobra 850 euros netos por doce pagas y un concejal de un municipio de 24000 habitantes,  con horario flexible, un neto de 2500 euros. Algo sucede, pero claro, están en su derecho de pensar que dinamito eso de la representación popular. Yo digo que es imprescindible segar el prado, roturar la tierra y volver a sembrar. ¿Creemos que la clase política es clase trabajadora?, uno diría -visto lo visto- que en todo caso, nos saben trabajar muy bien las voluntades en su beneficio.

Me sorprende que nos sorprenda que parte de la sociedad se radicalice. Es muy difícil apoyar a los clarines de la igualdad y el respeto, pues cuando los valores intrínsecos se rompan en pedazos para convertirnos en parte de la gran empresa, cuando la carrera al beneficio acabe hasta con las pensiones del salvavidas que para las familias suponen los abuelos, cuando la población se de cuenta de que la realidad ya no ofrece más que precariedad presente y futura, las soluciones mágicas triunfarán y estallará la violencia. Me refiero al totalitarismo redentor que da y quita razones cuando la razón desaparece.

Siento estar en el lugar que estoy, pues en él me sumerjo en mis conocimientos y recuerdo que un mes de octubre de 1933, en mitad de nuestro hermoso sueño republicano, alguien dijo que el Estado liberal nos  deparaba la esclavitud económica, porque a los obreros se les decía que eran libres de trabajar en lo que deseasen; pues nadie podía obligarles a aceptar unas u otras condiciones. Los ciudadanos libres –decían- si no quieren, no están obligados a aceptarlas, pero los ciudadanos pobres, de no aceptar las condiciones que se les impongan, morirán de hambre, eso sí, rodeados de la máxima dignidad liberal. Así veríamos cómo en los países donde se había llegado a tener los Parlamentos más brillantes y las instituciones democráticas más finas, no había más que separarse unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontrar tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. También se explicaba que los  trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

Esta disertación pertenece al discurso de la fundación de la Falange Española que ofreció José Antonio Primo de Rivera. Decía el falangista que en una comunidad (sociedad) no debe haber convidados ni debe haber zánganos y que eliminándolos la decadencia cesa. Afirmaba que no se necesita el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, pues como grupos artificiales, nos alejan de nuestras realidades auténticas. Soy consciente de que sorprende, pero lo más preocupante es que habrá quien recoja el fascismo del pasado y nos lo haga tragar como la mejor solución a nuestros males. Ya lo ven, la base teórica está a pública disposición y va calando.

Hoy, a la hora de la comida, frente a mí, dos personas han sopesado sin empacho la necesidad de que alguien empiece a repartir ostias con un brazo que no se canse. He optado por el silencio como respuesta y pueden creerme, no he podido tomarme el postre.

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lunes, 13 de marzo de 2017

LOS PAÑUELOS DEL KURDISTÁN


Lo que quiero mostrar es que en las fuentes del Islam hay una idea de la dignidad de la mujer que después de perdió. Assia Djebar 

No es relevante la opinión de los pseudoprogresistas que habitamos las ramas de nuestro supuestamente hermoso árbol social, pues no permitirá cambiar la realidad. ¿Hablamos de educación al hablar del Islam?, totalmente de acuerdo, pero corresponde ir mucho más allá de las aulas. Quiero decir que estamos cayendo en una absoluta falacia por falta de conocimiento y que hemos de acercarnos a la cruda realidad abandonando el buenismo. A palmos: creemos propio del feminismo el defender el uso del velo o de otras prendas. Pensamos que es una decisión propia de las mujeres y que las implica de forma activa en la normalización del Islam en Occidente. Pues se trata de un error, de una enorme contradicción: parece que la aspectualidad hace a las mujeres musulmanas autónomas y responsables de sí mismas, pero en realidad el trasfondo esconde la supervivencia y el refuerzo en nuestro país de la sharía (ley islámica) que a todo entendimiento realmente progresista demuestra que favorece al hombre y desprecia a la mujer.

Vamos avanzando en base a una tesis a todas luces errónea: negamos lo evidente por no compartir espacios con el problema. Sí, no lo duden, nos hemos abonado a la idea de que todo el mundo es bueno y que hay que tener la mente abierta a la diversidad como fórmula de enriquecer nuestro entorno. Eso sí, a ser posible, mejor que los musulmanes habiten fuera de nuestro vecindario, o mejor, de nuestra población. ¿Me dirán que no?. No seamos hipócritas, el postureo es norma a la hora de mostrarnos a nuestro entorno como gentes güais , pero de establecer una convivencia real, de eso amigos míos, de eso, ni por asomo queremos hablar.

Somos legiones los que clamamos por el planteamiento de una fórmula plural para hacer posible una convivencia cierta entre culturas y credos, pero precisamente por ello, es menester ser concretos y llevar el verbo al hueso. Quiero decir que es de lerdos pensar en un mundo opaco a la interacción, pero existe algo que se llama orden y el mismo se sostiene en las leyes, también en nuestro país. No puede uno permitirse excepciones y lo que hoy padecemos es el desprestigio de nuestra legalidad: no hay excepción posible frente a los derechos de la ciudadanía y por el contrario, parece que la discriminación positiva en aras de un falso progresismo nos está hendiendo el casco de la nave y acabará por hundirnos.

Veamos, no entraremos en afirmar que los chistes sean síntomas estrictos de los aconteceres del día a día, pero como si de afiches propios de Quevedo se tratasen, explican verdades como puños aunque sean estas disimuladas con unas pocas de risas. Me permitiré explicarles por escrito un meme (una de esas  cápsulas que en internet se usan para describir un concepto, situación, o pensamiento de forma rápida) que llegó a mi whatsapp la semana pasada. Viene al pelo y retomando la idea del principio de este escrito, habla de tontuna progresista y de una sociedad en peligro.

Bien, en la hilarantemente amarga cápsula,  un muchacho –conversando con una chica- afirmaba que las mujeres no pueden tener los mismos derechos que los hombres y que los gays han de ser ahorcados. La muchacha le recrimina su actitud y le acusa de ser un fascista, pero ipso facto, el muchacho le responde que nada más lejos de la realidad, pues lo que sucede es que él es musulmán y que sus afirmaciones son fruto de sus creencias religiosas. Su interlocutora, llevándose la mano al mentón, pensativa le responde: ¡Ah, perdona!. Lo siento, no pretendía hacer comentarios islamofóbicos. Fin del chiste, meme o como deseen llamar a la cosa…

Sin duda estarán arqueando la ceja y prejuzgando mis palabras, pero les llevaré del humor barato a la más cruda y concreta realidad. Hace muy poco tiempo, una concejala de asuntos sociales a quien conozco más que mucho, procuró tender puentes con la comunidad islámica de su localidad. Vaya por delante que se trata de una mujer de temple y convicciones firmes, aspectos que le hacen –extraño en estos tiempos- una política de respeto. Pero siempre se ha dicho que la voluntad no lo es todo y así sucedió en este caso, pues convocó una reunión con sus convecinos musulmanes para facilitar acercamientos basados en el conocimiento mutuo. ¿Saben que sucedió?, pues que se organizó una comida basada en platos típicos del Magreb y las únicas mujeres que se sentaron a la mesa fueron la concejala y una compañera de partido. Las mujeres musulmanas sirvieron la mesa (bueno, es una forma de hablar, pues se comió sobre alfombras), estuvieron pendientes de que nada faltase a los comensales, comieron separadas del grupo principal y hasta aquí hemos llegado en eso de la proximidad.

Progresismo al canto, las dos mujeres que pretendían acercar dos mundos, observaron que aquellas familias llevaban decenios residiendo en su pueblo, que lejos de incorporar las pautas de relación entre mujeres y hombres, perpetuaban su modelo de sometimiento de un sexo frente a otro. El final de todo el episodio fue sonado –al menos a mis oídos- pues de forma queda, la edil internacionalista me afirmó sin tapujos que “con esta gente no llegaremos a ningún sitio”. Yo no me alegré, ni pude darle más razones que una reprimenda, pues le dije que siendo así el juego, tocaba llamar a las cosas por su nombre y dejarse de milongas. Me dedicó una mueca amarga y se marchó. Hoy sigue convocando asistencias a las manifestaciones contra la islamofobia. Yo apoyo sus propuestas pues no caeré en poner a todo el mundo en el mismo saco, pero quede claro que los preceptos del islam no pueden, por discriminación positiva, estar por encima de nuestra legalidad, ¿me dirán que no me asiste la razón?.

No puedo evitarme el sarcasmo cuando veo alterarse a la opinión pública con absurdidades como la del autobús de Hazte oír y aquello de la lucha contra la transexualidad, pues aquellos que con toda razón critican y piden acciones legales contra el integrismo católico, miran a otro lado cuando las barbaridades son afirmadas por los líderes religiosos musulmanes que ejercen su ministerio en nuestro país. Nadie, absolutamente nadie, puede negar que en muchas mezquitas, imanes empoderados por aquello que llamamos erróneamente libertad de opinión, predican sin tapujos que las mujeres que se pintan y visten ceñidas son fulanas y fornicadoras. Curioso el modo en el que uno de ellos lo argumentaba: el imán decía que eso era así por afirmarlo el mismo Alá. Miren ustedes, yo creo que Alá, del mismo modo que nuestro Dios cristiano, decepcionado hasta el límite del ser humano, debe estar mirando a otro lado.

Empiezo la retirada y les afirmo que los únicos pañuelos que, dispuestos sobre sus cabezas, dan razones a las mujeres, son los que visten en combate las kurdas que se enfrentan cada día contra el Isis. Deberíamos estar cansados de ver tanto de malo en todas las religiones y empezar a preguntarnos qué sucede con el Islam que a todos nos parece tan moderno cuando demasiadas veces, es predicado por hijos del averno. Mi casa está abierta a todos mis hermanos musulmanes, mi mesa tiene dispuesto un plato para ellos y algunos de mis más valiosos maestros rezan a Alá con devoción sincera, pero no forman parte de uno de los grandes problemas de nuestra realidad, pues hacen de su fe andamio que les refuerza pero no arma que niegue a otros ni ley que desprecie a las mujeres.

¿Recuerdan aquello de todos moros o todos cristianos?, pues ni una cosa ni otra, todos, sin excepción, iguales antes las leyes. Nada más queda por decir.

POLITICA ES MORAL

viernes, 10 de marzo de 2017

QUE PAGUE SU PUTA MADRE


-Buenas tardes Magister. ¿Qué tal la cosa por el Levante?

-Este es un viernes jodío. Mucho lío pero poco relevante que decir.

-No mienta, ¿qué le habría de pasar a este viernes que no tuviesen otros?. Usted siempre tiene que decir y por encima de todo que enseñar.

-Favor que me haces. En cualquier caso eres muy exagerado…

-No, ni mucho menos. Las cosas son lo que son y punto pelota.

-Vamos a ver… confiésate hijo mío. Algo sucede, ¿verdad?.

-Pues sí, sucede que no entiendo a esa gente que se gasta los calostros en cervecicas y marineras, y llegando el pago de un recibo de cuatro chavos lo devuelve. Hoy no hago un duro de caja y estoy reclamando pagos de medio pelo a gentes que se creen que las púas no se pagan.

-¡Pues qué bien!, veo que tienes por delante un día emocionante. Lo peor amigo mío, es que eso de no pagar, lejos de ser algo puntual, es norma.

-Desespera uno y queriendo mantener las formas, se desmanda. Vamos, acaba uno echando fuego por las quijadas, pero ¿qué puede hacerse?.

-Lo supongo, el hombre es un ser raro e incomprensible a veces y muy probablemente siempre.

-Yo digo que la gentuza ve que sus próceres hacen y deshacen sin problemas y ¡coño!, ¡todos al monte!. ¿Me dirá que no?.

-A ver, la ejemplaridad en los cargos públicos brilla por su ausencia, pero yo creo que la gente lo haría igual. Es algo poco entendible, pero siempre ha pasado: cuesta hacerse cargo de las pequeñas deudas aunque luego, en principio, se dejen los pelos en gastos mucho mayores sin tantos problemas y al final se quede fatal por minucias. Supongo que es falta de casta.

-Vale, muy bien, pero veamos, quizás conviene dejar aquello de que ministros tiene la Iglesia. ¿Alguien obliga a comprar o contratar esta o aquella cosa?, no. Ergo, ¡copón!, ¡cumplamos!. No sé el lugar en el que radica la solución, pero creo que este  marasmo es sistémico y que se observa "arriba y abajo". Por poner un ejemplo, se me ocurre la compra de ese objeto de deseo que llamamos coche: no lo saca uno del concesionario si este no ha cobrado, ¿es así o no? (pregunta retórica). Entonces, los plazos de una caldera, la minuta de un profesional, un seguro, el vencimiento de un préstamo, deberían funcionar igual y punto pelota. Cosa buena es ayudar a salir adelante a los demás, sabe usted que siempre he considerado que poner al servicio de familia y amigos los propios recursos es de obligación, pero pasar por tonto frente a todos los comunes es ya pedir mucho.

-Bueno, por ejemplo, el comprar coche es, en general, una elección. Se hace por puro disfrute y por contra, el pago del seguro de ese mismo coche es una imposición y aunque sea una parte ridícula del coste, no se acepta fácilmente.

-Me cuesta entender la cosa y le advierto de que se me está hinchando la venilla.

-Sosiego, llevo tiempo advirtiéndote que andas falto de sosiego. Atiende y cálmate. Esto del choteo con el dinero es falta de responsabilidad y de reflexión. Por la razón que sea, no se acaba por asumir como un todo, así que el personal tiende a escaquearse en cuanto tiene la ocasión. Luego están los morosos profesionales, esos que desde el principio, su intención es no hacer frente a sus obligaciones y con un par demandan un servicio sin tener intención de abonar sus costes. Todos hemos tenido o conocemos experiencias similares y la cosa parece no tener remedio. Así que al final te encabronas y terminas por decir: pagas por adelantado o ni me siento a habar contigo o te retengo el trabajo hasta que me abones lo que debes…

-Mire, estoy un poco cansadito de poner por ejemplo a los quiméricos países del norte, pero copón bendito que también en esto del pagar son ejemplares. Mi amiga Core de Noruega me explicó ya hace demasiados años lo siguiente: compras o contratas, se genera factura, has de pagar en 30 días, existen 15 días de margen en concepto de error documental y si a los 45 días no has pagado, actúa de oficio un departamento de policial fiscal y punto pelota. ¿Recuerda lo del taller textil que tuvo mi padre allá por los años setenta?, bien, pues así cobró trabajos que algún espabilao se resistía a pagar. El bueno de mi progenitor se acercaba al cuartelillo de la Guardia Civil, entregaba las letras de cambio y esta cogía –figuradamente-  del cuello al moroso y el Señor Don pagaba por la cuenta que le traía. Manda huevos tener que poner en valor el pasado…

-Eran otros tiempos, pero lo cierto es que debe ser algo cultural. Recuerdo cuando se emitían talones sin fondos, aquí lo hacía cualquiera y sin consecuencias, cuando en otros lugares te enviaban a la cárcel si lo hacías con uno solo.

-Cierto, ¿qué podemos hacer?. Aquí, en nuestro país, fallan los entes públicos porque, si ellos son los primeros que no cumplen, ¿cuál es su fuerza moral para imponerlo al común?. El mayor impago se registra en la administración y esto no es que lo hayan hecho o lo estén haciendo, canta ya demasiado por ser norma y no ocasión como antes me ha apuntado.

-Así es, la mayor morosidad y la mayor demora en los pagos.

-Permítame que regrese a los países del norte y también a todos los que no son católicos. A años luz de nuestra tradición del “Dios proveerá”, entienden el dinero como un compromiso y así actúan. Cultura y ética totalmente distintas, ¿no?, aquí, con dos cojones, pecamos, nos confesamos y palante.

-Con la Iglesia hemos topado Sancho…

-Bueno, podrá usted hacer mofa, pero motivo hay para mentarla. Pues de servir realmente a la bondad del hombre, no podría prosperar tanto hijo de puta bautizado en la piel de toro.

-Echa freno que te pierdes y estamos a tocar del fin de semana. Recuerda que las meretrices son gente honrada.

-Me enmiendo, pues razón le asiste toda, pero sepa que siguiendo como sigo la actualidad de los ladrones que se hacen suyos nuestros impuestos y  jodido como voy en mis trabajos y cuitas para ser buen ciudadano, con muchas ganas les gritaría a todos los ladrones que mis facturas las pague su puta madre.

-Choto….

-Magister…

POLITICA ES MORAL

jueves, 2 de marzo de 2017

SOY UN CARCA HETEROSEXUAL


-Oye

-¿Qué?

-Vamos a ver, tengo un conflicto de la hostia consagrada. Yo tengo muy pero que muy claro lo siguiente: hetero mujer, hetero hombre, lesbiana mujer y gay hombre. Es más, tenemos amigos comunes homo de toda la puñetera vida y ambos sabemos que si fuésemos consuegros no sería ninguna sorpresa: nuestros dos chavales se quieren mucho y la verdad es que apuntan maneras. En resumen, está asumido. Pero hombres con vulva, mujeres con pene, hombres con vulva pero que quieren pene,  mujeres con pene pero que quieren vulva, bisexuales y que se yo, me hace bailar la cabeza. Sin duda me hago viejo y no sigo a los tiempos.

 -¿Ya estas sacando la vena fascista?, te iba a decir una burrada tan grande que hasta me ha dado corte a mi…

-Mira, no sé, parece que ser heterosexual  sea algo punible y no te lo negaré,  la cosa es que me marea tanta opción y tanta transversalidad.

-Mira que eres tonto, siempre analizando hasta la etiqueta del gel de ducha. A mí las lesbis y los gays me molan, quizás es que yo tengo un punto bi....

- Por favor, estoy intentando hablar en serio. Veamos, lesbianas  y gays, pillo la cosa sin problema. El conflicto es la amplia carta de colores que me  lían la bandera multicolor. Sabes que me encanta la vexilología, pero ni recurriendo a ella me aclaro.

- Pero por favor, el tema es sencillo, eso que te atolondra  es transexualidad. No te hagas el estrecho cerebral que se supone que eres persona de mundo.

-¡Copón!, no me lo hago, pero me agobia tanta algarabía. Anda, respeta las canas de un calvo.

-Pues a mí me parece mal lo del autobús de los ultras cristianos esos, si hay transexuales, deben tener el  derecho a expresarse como el resto de mortales. ¿Me dirás que no lo tienen?.

- ¡Pues claro que sí!, no hablo del bus y no estoy poniendo límites, pero te estoy reconociendo que me cuesta encajar toda la variedad de sexos que ahora se significan. De esa gente de Hazte oír, corresponde que te deje claro que lo que está sucediendo es que hay muchos fachas crecidos gracias a que viven en democracia, son ¡los nuevos fachas demócratas!, un maravilloso oxímoron. 

- Yo es que conozco una niña con pene y ha sufrido mucho, ahora que es Sara es una persona más completa. ¿No lo ves?, la cuestión es permitir que los seres humanos vivan en plenitud su tiempo y que nadie deba esconder su verdadero ser.

-Quizás se trate  de un tema más de los mass media, de la sensación de que lo alternativo es  güai y que las formulas tradicionales son  fruto de la carquez suprema. Quiero decir, ser gay es moderno y ser hetero es vetusto y gris, ¿me explico?.

- Eso sí, ahí te doy la razón. A veces es verdad que parece que para molar has de ser diferente o tener alguna afición extraña u oscura. Parece como la persistente negación de aquello que se vea como tradicional. Sí, ahí también me pierdo e inquieto…

-Ahí voy, ahí voy. De verdad de verdad, no me veo como alguien casposo, pero oye, me está entrando un complejo de cosa demodé que me jode.

- ¡Jajajaja ¡, ¡somos carcas!.

-De veras,  en ocasiones la realidad me hace sentir sucio por ser aquello que se llama ser, en la peor de las acepciones, normal.

-Ya, sí, a veces da esa sensación. Pero tal vez es que realmente somos antiguos.

-¿Estamos locos? ,¿pero cómo va a ser antiguo ser heterosexual?. Digo yo, a mi me la trae al pairo lo que cocinen los demás en sus chirlas o culos o donde sea, pero ¡copón!, mi opción también será buena, ¿no?. No por tradicional, sino por ser la mía.

-No creo que sea eso, digo yo o sí, ¿o qué se yo?. Me estás mareando y ya estoy por dejarme crecer pene y ser una chica con pene, ¡por Dios!.

-Mira, yo puestos a elucubrar, creo que soy lesbiano. Me explico: soy una mujer con pene a la que le apasionan las féminas. Ergo, ¿qué soy?, ¡soy lesbiano!.  

-¡Eres más tonto que tonto!, pero tranquilo siete ciencias, que ser hetero no significa ser un facha reaccionario. En tu caso, lo único que necesitas es que  sigas como siempre, teniendo la mente abierta y poco a poco, lo irás entendiendo todo.

-Vale, por cierto, ¿qué significa eso de pansexual?.

-¿No descansas nunca verdad?. Significa que una persona se ve atraída sentimentalmente, estéticamente, románticamente o sexualmente por una persona independientemente del género que esta tenga.

-¿Sí?, ¡copón bendito!. Va a ser verdad, no soy decimonónico, soy un íbero carpetovetónico. Mira tú, yo hubiese dicho que era comer pan mientras se practica el sexo. De verdad de la buena, ahora estoy pensando en  la cantidad de aseos que habrá en el cine y en lo complicado que será meterse en uno y acertar.

-Lo dicho, carca y además tonto. Cállate y espabila, ¿no decías  que tienes pizzas en el horno?.

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