viernes, 23 de junio de 2017

INFERNO


-Buenas tardes. Me alegro de encontrarle por aquí, pues pensaba amigo mío que demasiado a menudo la verdadera y más ardua de las luchas antifascistas  es contra nosotros mismos.

-Mire, ha de saber que esta idea ha venido esta mañana a visitarme el peloto.

-Caray, pues entonces ya ve Usted que el lugar es compartido…

-Hemos perdido la cabeza. La razón nos hace fosfatina el cerebro y tanto perseverar por el conocimiento no nos hace ningún servicio.

-No, precisamente estas ocurrencias nuestras demuestran todo lo contrario.

-Mucha manga ancha le noto hoy. Por mi parte estoy en un constante debate y no dejo de pensar. Me interrogo y me digo, ¿qué he de ser?, ¿epicúreo o estoico?.

-¡Uy!, mal vamos si aquí estamos. Permítame la boutade, somos mosquitos, débiles insectos, pero sabemos cómo funciona un insecticida. Otros se van ahogando mientras se llenan la panza con cañitas bien frescas.

-Por cierto, ¿no tocaría una caña a la fresca?.

-Toca, toca…

-Bien, ha de saber que estoy atollado, que ahora más que nunca no veo tres en un burro con las gafas que me graduó la vida y ¿sabe?, aquí esta tragicomedia se está volviendo algo infumable. Así que más que nunca me toca reaprender a reír. ¿Entiende los del fascismo?, sepa que me encuentro en un punto, en un estadio, muy fan del fascio. Estoy experimentando unas ganas vecinas a la psicopatía de repartir hostias a dos manos.

-Sí, le veo un miñambre y desbocado, pero observarse uno mismo de esa guisa no es problema, es solución. Darse cuenta de la naturaleza de este cipote, es precisamente la lucha contra esa simiente que ambos hemos identificado de forma simultánea.

-Amigo, le agradezco que me hable como lo hace, pero creo que ya estoy más  lejos que Usted. Mire, el pasado fin de semana hice por ver una película y tras mucho trasteo de la plataforma digital, me di por triar Inferno.

-No la he visto, pero el título dice mucho…

-Forma parte de la serie que empezó con el Código Da Vinci. La tesis del argumento era (también se refleja en la primera película de Matrix) que el hombre es una pandemia en sí mismo. Ergo, reduciendo el número de hombres, salvaremos al hombre. Ciertamente se me enganchó el ánimo al sofá, pero sepa que pensé: mira tú, igual esta es la sublimación del totalitarismo redentor.

-Fuerte el planteamiento, diría que pavoroso, pero la eugenesia que plantea es  de un realismo determinista que encoje el alma.

-Acabada de ver la película, la cabeza aún me martilleaba con más fuerza. Pensé, ¿qué hicieron los grandes imperios para crecer y que les llevó a la decadencia?. Analicé con carácter de urgencia a la República Romana y lo vi claro: Roma creció exterminando competidores territoriales, es cierto, pero lo más valioso fue reducir sus poblaciones y romanizar con la propia.

-Asusta –insisto- pero bien visto…

-De hecho, Roma era un ejército con Senado, no al contrario.

-Sí y con líderes brillantemente extravagantes.

-Cierto, cierto, pero la cosa siempre estuvo clara: su futuro era robar a los demás.

-A hostias…

-Exacto, pero ¿cuándo decayeron?. Su declive empezó cuando la pax romana dio la calidad de ciudadano a las gentes de las fronteras buscando evitar conflictos. Es jodido el digerirlo, pero la loba romana fue devorada por chacales necesitados de un futuro como un día necesito Roma.  

-Moriremos de éxito, is a fact. Me habrá de disculpar, pero ahora he de dedicar atención a labores menos placenteras que nuestra conversación aunque necesarias. ¿Quedamos el miércoles para que le pueda rebajar la mala leche frente a una cerveza helada?.

-¡Perfecto!, a las 20:30 donde siempre.

POLITICA ES MORAL

miércoles, 14 de junio de 2017

RAFAEL EL ZAFIO


Hagamos por olvidar o apartar por un ratico cosas como nación, estado, bandera y honor patrio, ¿hace?. Hablemos de gentes indignas  y vayamos saneando –aunque sea figuradamente- el ramaje de España.

Podría afirmar que esta moción de censura al gobierno del Partido Popular ha sido, como se esperaba, más ruido que nueces. En cualquier caso, necesario es que se zarandeen los árboles para que caigan las castañas. Pero claro, aquí todito está bien enganchado con Loctite (publicidad gratuita) y si algo ha de caer, se tratará de las gónadas y los ovarios de los españolitos que al mundo mandó Dios y a los que una de las los Españas ha de helarles el corazón.

Podemos salió a la palestra con ganas de apuntalar su liderazgo en la izquierda y su objetivo era acochinar al PSOE hasta hacerle ver que o con ellos o la inmediata es que los socialistas acaben todos muertos y caminando hambrientos como los zombis de The Walking Dead  (más publicidad gratuita para Netflix). Bien, en resumen, libreto de creatividad escasa, propuestas que no son ningunas y tras parecer que hacemos, cada uno a su casa y hasta la próxima que es tarde y amenaza lluvia.

A mí ya me joden tanto las formas como el fondo, pues si me pongo hecho un basilisco al ver la interesada inoperancia de nuestros políticos, más se me irrita el colon cuando les veo caer en la desfachatez de la mala educación y del insulto. Miren, la verdad es la verdad y puestos a no hacer nada, al menos el partido de nuestro actual gobierno debería haber hecho mutis por el forro y dejarse de chulerías estilo narco colombiano gritando plata o plomo. ¿Qué puñetas se piensa un Presidente de gobierno asediado afirmando que el Partido Popular no es un partido corrupto?. ¡Copón bendito!, al menos que callen, que rían por lo bajini pero que no tengan los santos huevos de afirmar que los únicos que defienden a España son ellos.

Pero claro, me dirán ustedes que esto es una democracia y que los votos son los votos. Vale, les compro el producto, pero que haya pasado todas las cribas hasta llegar al mercado, no significa que la calidad del mismo no sea más que una olorosa descomposición envasada. No sé, de veras que ya llevo demasiado tiempo sabiendo que no sé, pero estoy harto de bravucones llenos de santa españolidad que se comportan como chulos de puta de un lupanar de carretera.

¿Qué significa que un periodista  como Jorge Bustos prefiera que gobiernen los corruptos que los comunistas?. Sencillo, este articulista de El Mundo es un poco todos aquellos que construyen la caspa de mi país y que quieren ser hijosdalgo aunque sean unos muertos de hambre. Muchos de nuestros compatriotas prefieren la gomina a un cabello sano y pagar por follar que establecer relaciones sanas que hagan de eso tan hermoso del sexo un disfrute para todos. Aquí señores, triunfan los ladrones por una sencilla razón: a muchos españoles les mola tocar parné y a poder ser sin doblar para conseguirlo el espinazo. Mejor que frene el carro, veo que se me va por el pedregal y no estoy para árnicas y vendas.

En fin, todo lo dicho lo habré de rematar con una mención honorífica a un ser indigno y zafio que se relame los labios cuando cree imaginar la liberalidad de una mujer roja. Este carlanco churretero, útil a sus indignos amos, se llama Rafael Hernando Fraile y a todas luces representa lo peor de este esperpento que llamamos Parlamento. Las bromitas con tufo a ligón crepuscular que ha dirigido a la portavoz del grupo parlamentario de Podemos, la Señora Irene Montero, son propias de un mierda que merece acabar con los morros rotos y pisoteado en la puerta de la discoteca.

Hartazgo de necedad institucionalizada y de oportunistas que sirven intereses si ello les llena bolsas, este país huele a mierda y ya no hay ambientador Air Wick que lo disimule (más publicidad gratuita). Creo que voy a dar una vuelta por la zona oscura. Me parece que tanto rezarle a la Santa Democracia más que curarme el alma me va incitando a cortar lenguas y diría que a todas luces –antes lo apuntaba- mejor que me esté quieto.

Sin que sirva de precedente, hago mías las palabras de Pablo Iglesias: España  es un gran país, pero sepan una cosa,  sin estas gentes del Partido Popular lo sería todavía mejor. Por cierto la Señora a la que menospreció Rafael Hernando, en el debate de la moción de censura, relató sesenta y cinco casos de corrupción del Partido Popular en unos densos y tensos ochenta y cinco segundos. Claro, la lógica de nuestro Gobierno, en la persona de su portavoz, era replicar a la congresista haciéndonos imaginar  cómo su novio le toca las tetas.

El peligro rojo ha vuelto, defendamos los créditos que nos permiten comprar el televisor de cincuenta pulgadas con un sueldo de setecientos euros. ¡Ay mi querido Labordeta!, ¡qué razón tenías!. ¡Váyanse a la mierda!.

POLITICA ES MORAL

domingo, 11 de junio de 2017

PUTO EGOISMO


Entre dimes y diretes sobre si es solidaridad o no lo que hace Amancio Ortega con sus donaciones a la Sanidad Pública, me baño hoy en el propio pensamiento. Va a resulta entretenida la cosa, pues aquí creo que subyace algo que de ser piquero en Flandes, habría de llamarse ventaja.

Se denomina ventaja a una retribución especial a un soldado que se hubiese distinguido en combate. Era el Maestre de Campo quien a título propio o a petición de un oficial, la otorgaba. Hoy no me cuadra el tema, pues quien se abre la faltriquera y otorga beneficios, no es quien supuestamente comanda, pareciera que es el soldado quien anda sobrado de doblones y con generosidad los regala.

Han de saber que llevo toda mi vida adulta manteniendo y argumentando la tesis de que el egoísmo es la base de la generosidad. Sin duda me ha traído algunos problemas con personas a las que acababa de conocer, pues con ahínco se me afeaba el decir semejante cosa. En cualquier caso, tras los primeros envites y conseguido el tiempo de explicarme, siempre se me entendió y mucho interlocutor incluso compartió mi pensamiento.

Lo mío no se basa en la filosofía del egoísmo moral. Nunca me escucharán afirmar que la doctrina es actuar para el propio interés y que de darse una oportunidad que no incomode el propio camino, opcionalmente realizar acciones que ayuden a otros, pero la finalidad seguirá siendo la primigenia: el ayudar ha de dar algo provechoso para uno mismo. No me interpreten mal, el egoísmo con el que hoy y siempre me desayuno, trata de llenar el alma de aspectos positivos que nos hagan ser personas que ayuden a los demás a ganar la alegría. Es decir, hemos de dedicarnos tiempo a nosotros mismos y ocupando el mismo en lo que nos resulta grato y nos enriquece el alma, poder ser elementos colaborantes positivos con nuestro entorno.

Por el contrario, el egoísta moral afirma su yo al margen de los demás y se encumbra en un poder que le instala en una realidad moral y personal paralela.  En resumen, la realidad es su propia existencia y su forma de acercarse a las gentes es, hay que saber verlo, presuntuosa y distante. De hacer algo socialmente bueno, no cabe duda de que espera un reconocimiento. Hoy es oportuno reconocer los méritos de mis maestros y me viene perfecto recordar a Kierkegaard y aquello de que lo personal es lo real. Escuché y escucho, pero no trago con lo del existencialismo individualista, ni por asomo asumiré la lógica de las acciones de los egoístas por muy bien explicadas que se presenten. ¿Realmente podemos afirmar que justifica el beneficio propio la puntual generosidad material?, lo siento, no en mi nombre. Es lo que tiene comulgar con la vieja tradición cristina y el tener en la mesita de noche las Confesiones de San Agustín de Hipona.

No cabe duda de que habiendo introducido el tema del cristianismo, me podrán recordar que la limosna es algo propio del mismo, pero yo les diré que una cosa es ser generoso y otra es dar lo que nos sobra. La solidaridad es algo que habrá de ser útil cuando sea sinónimo de compartir. En el caso del exitoso empresario propietario de Inditex, no veo a una persona que pueda ser un ejemplo de ello. Sucede que para la mayoría lo es y habrá de serlo, pues lo que realmente percibe la sociedad española, mejor dicho, gran parte de la misma, es que es un hombre rico y eso le convierte –creo que erróneamente- en un referente.

Harta ya el tema de que el liderazgo de nuestra sociedad se impronte en personas que al cabo hacen de las zonas grises del sistema y de la incapacidad o la interesada inacción de los gobernantes, una verdadera ventaja. ¿He de recordarles que pleitesía se rinde a jugadores de futbol que evaden impuestos o a políticos que lo han robado todo?. Miren, yo agradezco de forma absolutamente sincera las donaciones del Señor Amancio Ortega, de veras que me alegré cuando los mass media dieron la noticia de las mismas, no en balde el puto cáncer cargó contra los míos, pero creo que corresponde otro tipo de acción solidaria: empresas tributando al nivel que corresponde y salarios justos.

Permitan que insista, existe una distancia enorme entre ser solidario y ser generoso. Ser solidario es compartir lo mejor que se tiene o se es con aquellos que lo necesiten, por tanto no ha de permitirse que la solidaridad se troque en limosna y humillación.

No es cierto que la envidia provoque las críticas al Señor Ortega. El tema que a muchos nos indigna es que un gobierno  no se inquiete al ver que la generosa actitud de una empresa privada nos explica sin tapujos el inicio de la quiebra del Estado.

POLITICA ES MORAL

lunes, 29 de mayo de 2017

AQUÍ LA CONSTITUCIÓN, AQUÍ UNOS AMIGOS.


Yo soy un equidistante, yo soy un pontonero, yo deseo terceras vías y por ello, muy gustosamente, habré de pagar un precio. La Real Academia de la Lengua define equidistancia  como la igualdad de distancia entre varios puntos objetos, pero la realidad es que equidistancia es sinónimo de centrado aunque la política española prefiera equipararla –ya verán como- al término paralelo.

Así nos ha ido y va la cosa, una crisis económica, ausencia de respuestas a la misma y salidas hacia adelante para despistar la gravedad de la realidad. Ha sido útil el conflicto territorial, ha sido increíblemente sencillo –gracias al mismo- aparcar la corrupción y la inoperancia de los gobiernos, fuesen estos del estado, de las autonomías o de los municipios. En definitiva y si se me permite el símil, los piratas han puesto sus navíos en paralelo al enemigo y a pesar de parecer amenazar con toda su artillería, lo que verdaderamente hacían era ir achicando el agua que amenazaba con hundirles. Falsas batallas hemos presenciado para que los padres del latrocinio protegiesen el botín. Ganando tiempo, los filibusteros han arrasado las costas y nos han empujado tierra adentro, alejándonos de la posibilidad de combatirles.

Bien, me dicen los que defienden la unidad de España que Cataluña miente al plantear que su futuro será mejor de ser independiente. Yo, como español, aún espero a un estadista (no a un mindundi  que defiende a los cacos) que se presente en rueda de prensa no virtual ante la opinión pública y explique, hasta el más nimio detalle, cual es la realidad de la relación económica España-Cataluña. ¿Tanto cuesta apabullar al contrario con datos concretos?, uno piensa que no. De hecho, los tontos de mis padres me enseñaron que la verdad solo tiene un camino y que los datos no tienen amo. Miren, la presencia esta semana pasada de Mariano Rajoy en el Círculo de Economía de Barcelona, abona mi tesis y me empuja hoy a acercarme a ustedes. El tipo es como tantos en la historia de nuestro país, es un mercader de glorias pasadas y fabricante de mentiras que dan réditos a los que exprimen a la ciudadanía en su beneficio.

¿Pues no va todo un Presidente del Gobierno de España y muy ufano afirma que se acabó la equidistancia?. ¡Por todos los Santos!, ¡pues venga!, ¡pues vale!, vamos a liarla parda y oiga, de algo nos ha de servir un ejército bien engrasado. No puedo racionalizar que un gobierno no sea capaz de entender que gobierna para todos, incluso y sobre todo para la ciudadanía díscola. Es imposible imaginar (aunque haya sucedido) que ante la razonable petición del empresariado catalán de buscar propuestas que auspicien vías razonables y calmas, que no plantean la secesión, el Presidente de mi país diga que nones, que aquí la Constitución y aquí unos amigos.

Es un asco leer, aprender y por tanto guardar en la memoria. No sé qué leches  nos pasa, no sé qué puñetas hemos creído que éramos, pero llevamos cagándola hace siglos en los momentos importantes. Flandes resultó un desastre por una cabezonería que nada tenía que ver con la economía del Imperio, el Caribe y el Pacífico se perdieron por no saber ver que una maniobra a tiempo nos hubiese mantenido los puertos abiertos y más recientemente, lo poco que conservábamos en África se perdió por entestarnos en estar ciegos. ¿Qué Cataluña no es lo mismo?, sí es lo mismo. Por mucho que hablemos de territorio patrio, los supuestos patriotas joderán la piel de toro una vez más. ¿No lo vemos?, nadie habla de España. Los que gobiernan hablan de “su España” y la verdad, no es la mía. ¿Saben?, fuimos un imperio que se mantuvo incólume más de tres siglos, pero eso se logró con el ímpetu de una población que al margen de sus reyes y gobernantes, ante los problemas, apretaron los dientes.

Me asquea lo bien que ha ido coser banderas en lugar de velámenes para nuevos barcos, somos tan sinvergüenzas que hemos pervertido al ilustre Méndez Núñez. Ahora, los más indignos navegantes se afanan en subirse a la frase y hacer propio aquello de que más vale honra sin barcos que barcos sin honra. Malditos bastardos todos los  que me dicen defender España y no son capaces de llamar a las cosas por su nombre. No sé demasiado bien si existirá mejor forma de describir nuestra historia, pero una vez más me traigo del brazo a Miguel de Unamuno y proclamo lo mismo que dijo el profesor en el paraninfo de la Universidad de Salamanca: venceréis pero no convenceréis. No sé, comulgo con la idea que los logros que no se consiguen por el convencimiento, lejos de perdurar, son embrión de futuros conflictos.

Estoy cansado de veras, me he desgañitado preguntando a los independentistas que soluciones guardan en la manga para crear esa nueva república de la que me hablan. Doy fe de que creen en la misma, pero esa la cuestión, entiendo que hacen acto de fe y dedican sus oraciones a que les salga bien. ¿Dirán que están locos?, pues no se engañen, podríamos decir lo mismo de los gobernantes españoles que se blindan en la legalidad vigente, se inhiben de salir a la palestra con verdades como puños y así tapar bocas. Es asunto sencillo, si el cántaro se rompe, probablemente a Cataluña le irá de puñetera pena, pero no olvidemos que una situación límite podrá afectar a España en un 20% de su PIB. Pocas bromas, toca remangarse, callar y empezar a hacer. Puñeta que uno es español viejo, también  catalán a todas luces y algo sabré de lo que pasa en mi tierra.

Es un hartazgo lo que vivimos, las gentes se desesperan, necesitan respuestas y como estas no pueden darse, se les azuza contra los que dicen estar frente a ellos. Ya hablamos de enemigos y sepan que hablar del enemigo demuestra que alguien ha decidido que los muertos lo explican y lo callan todo. ¿El Gobierno español quiere posiciones fuertes?, pues debe empezar a mostrar la suya. Alguien deberá advertir a Mariano Rajoy que obras  son amores y no buenas razones. Viene al caso poner atención en la ampliación del convenio económico con el País Vasco y preguntar a quién corresponda que provoca que no pueda llevarse al pragmatismo lo que en el Barrio de Salamanca denominan el “problema catalán”. No hay duda, los cuatro mil millones que amplían la faltriquera de la Hacienda Vasca están muy bien pagados. Dan aire a una realidad mafiosa que necesita ampliar su margen para salvar el honor mintiendo.

Anoche me fui a la cama con la constatación de que la ultraderecha amenazó a un alcalde levantino que cumple la ley de memoria histórica. En el mismo pueblo en el que se dio la amenaza, algunos vecinos acusaban al alcalde de rojo y de defender a los comunistas que mataron a no sé quién. Yo veo en el amargo incidente la realidad de toda España y me asusta de veras intuir que  los hijos de puta que nos ultrajan y roban, una vez más, no tendrán empacho en rellenar las cunetas de las carreteras patrias. Si se escapa un tiro en cualquier comarca de Cataluña y se contabiliza el primer muerto, se perderá otra vez Flandes y el hermoso sueño de un futuro común se esfumará como sucedió otras tantas veces.

¡Viva España y viva el vino!

POLITICA ES MORAL 

viernes, 26 de mayo de 2017

ENTRE NOSOTROS


Empezaré por pedir disculpas. Han de saber que desearía no reconocer en mi pasado ni en mi presente antagonismo contra nada o nadie, pero he de reconocerles que mentiría. Hay motivos para una amargura que hace volar por los aires los puentes que construyo y sé, que de mi más profunda humanidad –como una ponzoña- hoy surge la irracionalidad que clama sajar y batir.

Miren, he tenido una vida plena y llena de matices. Puedo afirmar que las asimetrías y las diferencias me ayudaron a perseverar en la idea de que el entendimiento es la única fórmula de futuro para una sociedad, pero también aprendí que de buenas intenciones, los cementerios están llenos. Como bien indicó Jean-Baptiste Poquelin, no es solamente por lo que hacemos, sino también por lo que no hacemos, que somos responsables de lo que suceda en nuestro entorno. Molière viene al caso y me resulta útil, pues apelando a su obra “El enfermo imaginario”, les digo que andamos mirándonos el ombligo en males que no lo son y dejamos de lado  los remedios que deberían facilitarnos una verdadera calidad de vida.

Somos hipocondríacos con lo insustancial pero descuidados con las plagas que nos empecinamos por ver lejos. Creemos en aquello de que nunca habrán de llegarnos las pestilencias de otras tierras y no queremos ver que la sociedad en red, hace ya mucho tiempo que hizo desaparecer las fronteras. En definitiva, estamos inmersos en una guerra que deseamos silenciar pero que en realidad, se cobra demasiadas bajas. No corresponde recurrir a los galenos que prescriban ungüentos y cataplasmas, es tiempo de expeditivos cirujanos y de dejarnos de cuentos.

Desgastado por una realidad que no entiendo, me entesto en abonar la tesis de los sentimientos y el respeto a los derechos humanos, pero no quiero engañar a nadie, cada vez me resulta más difícil tender la mano y aceptar explicaciones a lo que ya es inexplicable. Creo que enfermizamente me autoengaño y me niego el propio fracaso, pero la verdad es que cuando me miro al espejo, me sé derrotado. No habrá vuelta atrás, no debe ni puede haberla, pues  lo políticamente correcto, la fatua voluntad de contentar a todo el mundo, nos segará la hierba bajo los pies. Quedan ya los puentes muy lejanos y siento dolor por no  desear cruzarlos.  El Islam es suprematista y no aceptará más que una manera de relacionarse, una sola dirección, imponer su verdad y someter todo aquello que se signifique para ponerla en cuestión.

En el pasado he encajado con templanza y cierto sentimiento de culpa, las valoraciones que condenaban a Occidente por su etnocentrismo, he querido conocer y abonar la tesis de la soberbia de la tradición judeo-cristiana y su supuesto rechazo al mundo musulmán, pero ya basta, hasta aquí. Nunca vi diferencias entre un atentado en territorio europeo, africano o asiático y siempre ponderé lo salvaje e inútil de los mismos. ¿Somos culpables?,¿debemos guardar silencio frente a un peligro cierto?, no, ni por asomo nos lo podemos permitir. La mal llamada diferenciación cultural no justifica nada, pues frente a nosotros se yergue un leviatán de mil cabezas que no reconoce fronteras y cuyo cerebro desdibuja la individualidad y construye la idea de la umma. Sí, el concepto describe una realidad supranacional que hace, de los musulmanes, ciudadanos autentificados por su fe y no por la legalidad de los países en los que residen, trabajan y paren sus progenies.

La población musulmana guarda silencio y con el mismo pareciera justificar la violencia como una consecuencia natural de nuestra degradación, pero es curioso que persevere en seguir medrando en un mundo indigno a sus ojos. Si tan malnacidos somos,  ¿qué hace que no pongan los pies en polvorosa?. Sin duda el acomodo es positivo, pero algo malsano sucede, pues hasta terceras generaciones de musulmanes siguen sin sentirse parte de aquellos países de los que tienen nacionalidad. Es un dato objetivo, los terroristas que actúan en Europa, son nacidos en el continente. Así pues, existe una quinta columna que actúa entre nosotros. Lo comentaba antes, la enfermedad no está lejos, contamina nuestra cotidiana realidad y corresponde reaccionar.

¿Saben?, sé que el pasado está lleno de agravios y que el presente sigue siendo injusto. Aborrezco la hipocresía de las cancillerías occidentales en sus falsos discursos mientras comercian con estados islámicos que niegan la dignidad a la mujer y hacen del dogma de fe la norma social, pero reflexionar en ese sentido no inhabilita hacerlo en otro. Si yo hubiese ido a recoger a mi hija a la salida de un concierto y un terrorista suicida residente en mí ciudad, en nombre de Alá, le hubiese arrancado la vida, toda respuesta violenta me hubiese parecido poca. ¿Qué piensan nuestros compatriotas musulmanes tras un atentado?, ¿qué piensan realmente?, creo que muchos callan y consienten, pues en su propia fe encuentran justificaciones para que muera gente.

Un hartazgo me resulta ver a los falsos progresistas hablar del esfuerzo de las mujeres musulmanas por romper las tradiciones de su cultura. Gentes débiles me resultan cuando entienden que una mujer, en pleno siglo XXI, deba luchar por liberarse. Me siento ofendido, agredido y maltratado, no por un grupo social que condena mi fe o mi forma de vida, me siento traicionado por unos gobernantes que niegan el problema de nuestro tiempo y se entestan en mirar a otro lado. Creo que mis compatriotas, mis vecinos, mis hermanos que comulgan en el Islam callan y seguirán callando. Creo que no comparten nuestro dolor y por el contrario, exigen que bajemos la cabeza y renunciemos a una legalidad que nos ha costado cinco siglos conseguir y que hemos abonado con millones de muertos.

Lo siento, estamos en guerra y el enemigo está entre nosotros.

POLITICA ES MORAL

martes, 23 de mayo de 2017

SÍSIFO Y EL HOMBRE REBELDE


Bien está lo que bien acaba si el acabar es un principio, en ese punto está el Partido Socialista Obrero Español y no hay que darle mucha vuelta a la cuestión. O se entiende que las primarias de ayer marcan  el año cero, o perseverar en las glorias del pasado acabará en la extinción de una de las organizaciones políticas más necesarias para España.

No veo yo a Pedro Sánchez muy cargado de razones de gobierno que hubiesen de facilitar un tranquilo navegar, es cierto, pero también he de afirmar que ha sabido ser coherente y ahí corresponde otorgarle el mérito. Los pesos pesados del socialismo español, apoyados en una gran masa social cargada de ilusión que creyó sus mentiras, han sido buhoneros incorporados a las élites extractivas de las que decían defender al pueblo.  Las diferentes ejecutivas del PSOE y sus representantes autonómicos, se han pasado decenios  en constante conflicto por mantener el estatus al margen del interés de sus votantes. La derivada es conocida por todos: se abandonó la idea de una izquierda de progreso  y la derecha más conservadora e involucionista pudo crecer en su electorado sin encontrar resistencia.

En la previa de las elecciones municipales de 2015, en las que tuve el atrevimiento de postularme, pude observar que el socialismo parecía un personaje bipolar e histriónico que un día  era federalista, otro tradicionalista, otro nacionalista y si se daba la necesidad, revolucionario de arma en mano. En resumen, la magra ideología que atesoraban las siglas, hubo de verse sustituida por la estrategia dirigida a mantener cuota electoral a cualquier precio. El miedo, el arma que tan bien definió José Luís Sampedro, llevó al socialismo a una nueva concepción de su realidad: se llegó al socialisto. Se pretendía mantener la gallardía de otro tiempo, pero perdidas las razones, quedó la picardía como único argumento. No en balde, el PSOE se sabía parte del latrocinio hispano y por tanto no podía apelar a las masas para cambiar el país. El hacer planteamientos directos para poner límite a la corrupción del Partido Popular, hubiese dejado al aire las vergüenzas propias y eso, nadie lo duda, no podía permitírselo. 

Miren, esto ya es viejo, la ejecutiva que ha resultado de las primarias no ha de quedarse en la personalidad o donaire del Secretario General. Hartazgo es repetir que el gran desafío del PSOE es recuperar el control de la situación en sus reinos de taifas y establecer una estructura de poder que pueda dirigir de forma eficaz y eficiente el asalto, no al poder, sino a la pretérita confianza de la gente. Insisto, es cansino repetir las cosas, pero atendiendo a que la realidad se impuso del peor modo y permitió ver lo insustancial del estómago socialista, toca otra vez recordar a los responsables del nuevo momento, que corresponde luchar –sin populismos- por la justicia social basada en la sociedad del bienestar.

El mérito de Pedro Sánchez es haber demostrado que las bases son la verdadera sabia del partido. En torno a esa idea se han significado antiguos silencios que ahora son voces que hablan alto: corresponde abandonar el disimulo, llamar a las cosas por su nombre y retomar la decencia como el arma más liberadora y mortífera. Todo lo sucedido hasta el momento ha sido consecuencia de que los barones, factótums o  llámenles como quieran, sentían como se les apretaba la soga que tenían al cuello y deseaban, a toda costa, salvarse.

Escucho y leo hoy valoraciones que hacen imaginar una nueva guerra civil atizada por los antropófagos podemitas y los diablos cujuelos nacionalistas, pero en lugar de tanto llamar a somatén para salvar España, quizás deberíamos entender que solo será posible esa salvación, si por encima de la ideología, ponemos la integridad. Eso se consiguió, ciertamente de forma embrionaria, hace dos días con las primarias socialistas. Podemos y Ciudadanos son el mejor síntoma de la propia realidad del PSOE y ha de explicar que la pérdida de contenido e ideología, hizo que estas formaciones, demasiadas veces vacías de programa, pescasen en las aguas socialdemócratas.

En toda ciudad y pueblo deberán abandonar sus puestos los que dicen defender el Socialismo del pasado. No son ya adalides de otra causa que no sea la suya propia, son políticos profesionales que durante demasiado tiempo mordieron la mano de su amo, me refiero al ciudadano. ¿Saben?, yo ya no pienso ni en la posibilidad de ganar elecciones, creo que toca devolver la dignidad a la labor política y demostrar que el progresismo es la vía y que por mucho que se elucubre,  no queda otra. Toca abandonar el miedo que antes apuntaba y mirar a la izquierda en general, abandonar el navegar errático y los pactos como opción de supervivencia de la cúpula y centrarse en la ineludible labor de limpiar la corrupción en el partido, las instituciones y regenerar la Democracia en España.

Saben que duermo y sueño muchas veces a la sombra de Albert Camus y hoy me doy en ello otra vez.  Toca ver a la serpiente en el despertar de los nuevos totalitarismos ideológicos, entender que tanto derecha como izquierda deben obligarse a un constructivo  diálogo, pero que en ese diálogo, la izquierda y las posiciones del PSOE deben dar sentido a la rebeldía evitando el nihilismo y demostrando la existencia de alternativas viables. 

En las primarias del domingo, uno recordó que hay que negar el mito de Sísifo y afirmar que la esperanza existe si el hombre rebelde se entesta en creer en ella. La posición de Pedro Sánchez no está desprotegida, los enemigos de su victoria parecen explicarla.

POLITICA ES MORAL

miércoles, 17 de mayo de 2017

LA PUTA MILI


Muchas formas hay de acometer eso del servicio militar, lo que popularmente conocemos como mili. La más visible es la que apela a aquello tan decimonónico de servir a la patria, honrar las tradiciones y proteger el territorio de los enemigos. En cualquier caso, uno de forma aviesa prefiere cargarse la idea primigenia y tirar por caminos más tortuosos aunque el recorrerlos nos dañe los pies un poco. Les invito a una marcha forzada hasta un acuartelamiento que se abandonó hace ya mucho tiempo: el sentido de la corresponsabilidad.

Uno camina con objetivo pero en ocasiones, también disfruta con aquello de deambular sin más destino que ver, oír y callar. En ese estar sin pretensiones es cuando aprendemos más, pues la supuesta pérdida de tiempo, nos hace ganar la verdadera realidad. Esta sociedad se ha desprendido de todo aquello que suponga esfuerzo, ha alargado la adolescencia hasta la madurez y ha conseguido que los supuestos adultos no sirvan para enseñar nada que no sea la gran obra teórica y práctica del hedonismo. En resumen, nuestro presente conjuga la primera persona del plural con un yo y no con un nosotros. ¿Imaginan el motivo?, ¿no?, pues es muy sencillo, nuestro país ha diluido los ritos iniciáticos y dotando de igual valor  la percepción de niños y adultos, ha dinamitado las etapas que cualquier ser humano ha de menester para madurar y convertirse en un elemento colaborante y por tanto valioso para el cuerpo social y el futuro del mismo.

Creemos educar a nuestros hijos, pero en realidad les sobreprotegemos y tan solo les aportamos conocimientos. Pretendemos que nunca sufran frustraciones, que no se sientan agraviados, les deseamos mansos y bajo control, les hacemos ver que no han de preocuparse por nada, que no es necesario competir, que siempre estará todo bien. Les convencemos sin palabras de que su calidad de vida no variará y que tienen derecho a ser felices. Les asalvajamos en su corrección formal, pues lo que observamos a simple vista, en realidad, está enfermo. ¿No han visto nunca a menores ordenar a sus padres que ha de comprarse en un supermercado o en unos grandes almacenes?, estoy convencido de que sí han tenido esa experiencia. También les diré, que muy probablemente, este ser impertinente les ha puesto un espejo frente a la cara. Les ruego me perdonen…

Miren, yo necesito recogerme cuando la tormenta arrecia, por ello construyo diques con los libros y así, mejor o peor, me salvo el cuello y doy razones a quienes me preguntan. Existen escritores que escribiendo supuestamente ciencia-ficción, nos patean los bemoles y nos ponen en nuestro sitio. Viene hoy al pelo de un calvo el insigne Herbert George Wells, el conocido autor de La Guerra de los Mundos y una lapidaria reflexión que le pertenece: hay verdades en las que se tiene que crecer. Poco podría uno añadir, pero para quien quiera dejar de pensar que Wells era críptico, les diré que hay que acercarse a la realidad cruda, a la vida en definitiva y sufrirla y disfrutarla en igual medida. Un ciudadano no nace en una arcadia, un ciudadano nace en un mundo imperfecto y su crecer debe llevar emparejado el esfuerzo de entenderlo.

Necesitamos recuperar los ritos, las vitales fronteras internas que nos hacen visualizar nuestra progresiva capacitación y las derivadas de nuestros actos en nuestro entorno. Como bien indica mi amigo Miguel, necesitamos momentos en la vida que nos ayuden a ser independientes, al cabo, personas con criterio propio en mitad del caos y también inmersos en la más kafkiana disciplina. No imaginen que apelo a un servicio castrense y carente de más sentido que la obediencia ciega sobre preceptos muchas veces incongruentes, lo que intento indicar es que debemos recuperar espacios comunes en los que nos reconozcamos de forma absoluta y dejemos de  mirarnos el propio ombligo y empecemos a mirar a los demás a los ojos.

No diré que mi periodo militar fuese muy normal, pero tampoco viene al caso explicar las tradicionales batallitas que todos los viejunos tenemos, pero si hay un aspecto que deseo resaltar: en la mili entendí las asimetrías de mi país y si no había madurado bastante, con 19 años entendí que el mundo era muy grande, que mi casa era una anécdota y que debía valorar lo que mis padres me habían dado. Conocí a jóvenes de familia adinerada y también pobres de solemnidad, muchachos que se habían incorporado al servicio con una novia embarazada, soldados que buscaban fórmulas para escapar de aquella obligación por necesitar sus familias perentoriamente su sueldo, yonkis que tal como llegaban a destino eran enviados al Hospital Militar para desengancharlos de la droga y chavales que no habían estudiado y que a mitad de los años ochenta del siglo pasado tan solo sabían escribir su nombre. En definitiva, me sumergí en la muestra viva más amplia de lo que era España que jamás había visto.

Regreso con la mula al trigo y les afirmo que los ritos nos abren puertas al tiempo que nos ayudan a cerrar otras, pues marcar puntos de inflexión nos permite reconocer el propio progreso y empoderarnos de forma positiva. No contemplar las necesarias etapas de un viaje vital, nos aboca al marasmo insustancial y rentista. Nuestros jóvenes y nosotros los adultos- como mentores de los mismos- hemos de retomar la idea de que nuestras libertades son hijas de nuestras comunes obligaciones.  Reconocer la necesidad de los ritos es útil y tiene una base tradicional en su acepción más positiva: existen aspectos objetivamente de progreso en una sociedad. Hemos de hacerlos visibles y enseñar que compartir tareas con los demás es lo que mejor construye el propio carácter. De ahí la necesidad de una mili que no tendrá porqué armarse con fusiles y artillería, será suficiente con llevar a la joven ciudadanía a comprometerse en servicios visiblemente necesarios y que les alejen de la cómoda realidad de sus familias. Podrán preguntar por aquellos que no disfruten de esa comodidad y deberé apuntar que también los que estén en riesgo verán, en mancomunar esfuerzos, el compromiso de un Estado por acompañarles en el logro de un mejor futuro.

Toca replantear el modelo de sociedad, debemos dotar de carácter a nuestras nuevas generaciones y si entendemos que no es el Ejército la institución adecuada, habrán de crearse periodos de servicio para mujeres y hombres en aquellos lugares en los que las necesidades atendidas doten a los que presten servicio de trascendencia ante ellos mismos. Miren, el servicio desinteresado y alejado de los algodones pone a las personas en relación directa con algo que supera su individualidad y facilita el sumar personas y no gentes.

Hemos de redefinir el servicio militar como servicio generacional y llevar la idea a la consciencia y a la conciencia del individuo, en definitiva, ha de regresar la sociedad a establecer momentos que nos obliguen a valorar nuestra realidad. El tiempo que tarde en lograrse es algo difícil de establecer y es evidente que quizás no siempre sería necesario un compromiso desinteresado durante un periodo de tiempo largo, pues ciertamente existe una juventud comprometida en nuestros días, pero la verdad es que porcentualmente no inhabilita mí planteamiento. No podemos permitirnos ser sutiles y políticamente correctos pues tan solo sentándonos a ver la televisión, nos explica claramente la cosa uno al que llaman Hermano Mayor y también un voluntarioso juez que no deja de sorprenderse con los delitos y faltas de los menores, me refiero a Emilio Calatayud.

Les ruego que no se permitan hablar de involución en base a lo que planteo. Nada más lejos de la realidad, se trata de una postura a todas luces progresista, pero con una cierta sabia de progreso que coge el toro por los cuernos. Debemos dejarnos de simulacros pedagógicamente buenistas y poner en valor lo tangible como el mejor libro de texto. No existen fórmulas mágicas y tengo el convencimiento que de evitarse el denigrar a los jóvenes en sus funciones voluntarias, se entendería la necesidad de saber la trascendencia de nuestros actos y la exigencia inapelable de ponerse manos a la obra.

Permítanme confesarles que me ha llevado hoy a recordar acuartelamientos. En una reunión dedicada a programar la práctica deportiva en mi municipio, el técnico municipal explicitó problemas de relación con algunos clubes por demandar estos que la práctica de su disciplina siempre fuese en instalaciones cubiertas. A mi pregunta sobre el motivo, el funcionario respondió que los padres exigían que los niños no pasen frio en invierno o se mojen cuando llueve. Bien, yo me encabroné un poco –he de reconocerlo- pero con la mayor flema que pude apostar, advertí que si esa es la prioridad de los progenitores de los hombres y mujeres del futuro, quizás no merecen vivir en nuestro pueblo, disponer de las infraestructuras del mismo y tener el privilegio de que sus hijos tengan la posibilidad de elegir el deporte en el que sienten contentos...

Me desconecté del parloteo y no les diré otra cosa, pensé que aquí lo que hace falta es que vuelva la puta mili.

POLITICA ES MORAL