lunes, 4 de febrero de 2013

SOCIEDAD JUSTA: Transparencia real.




La ignorancia de las masas es la principal fuerza de los gobernantes. Charles Malato

Si echamos la vista atrás, hacia el  antiguo régimen, e incluso hacia  nuestro pasado reciente,  entenderemos que la base del poder de los mal llamados “mejores” obedecía realmente a la incultura y desconocimiento de las mayorías sociales.

Diferentes movimientos que empiezan con la Revolución Francesa y que acaban con el final de la Guerra Fría, fueron configurando una conciencia social que progresivamente incorporó al ciudadano a la esfera de la gestión de las instituciones. Supuestamente, la aparición del sufragio como  vía de expresión de la “voluntad popular” nos dotaba de una representación encarnada en unos individuos de nuestra confianza. Ecuación simple y de fácil comprensión, nos mostró más tarde y de forma sutil que ya no éramos soberanos. El resultado, lejos de abundar en beneficio de la mayoría, nos sometió a una nueva oligarquía que se denominó “clase política”…

Una vez más la sociedad debe tomar consciencia, tan solo los individuos conscientes pueden transformar la realidad. La información y la exigencia de esta para disponer de total conocimiento, nos aportará unas instituciones realmente transparentes al ciudadano. La petición es inapelable y por tanto, tan solo es aceptable un tipo de política: aquella que aplica los criterios de accesibilidad en su acción y gestión.

Cualquier habitante de pueblo o ciudad  tiene el derecho y la obligación de conocer el objeto de gasto de sus tributos. Acceder a los criterios de la concesión de obras públicas, licencias, servicios y cualquiera otra partida de gasto o inversión que las instituciones propongan y gestionen. En una sociedad en red, ha de resultar sencillo establecer vías de comunicación en dos direcciones. Realmente la base legal para que sea posible ya existe, se trata de quitarles a los corruptos y malos gestores las llaves de acceso a las casas comunes.

Una vez más las masas han de convertir la indiferencia en interés, la  lejanía en acercamiento, la apatía en pro-actividad. En resumen tomar el mando en la figura legal más valiosa, la de ciudadano.  No nos engañemos, la realidad nos lo demuestra de forma amarga, los que traicionan la voluntad popular saben que es más difícil hacer cambiar a un ignorante que aprovechar su ignorancia para convertirle en un  peón que trabaje por sus intereses. Observen la actualidad, nada que añadir…

POLITICA ES MORAL

FUENTEOVEJUNA



Cuan valiosa es la lectura y que patrimonio nos arma…

A raíz del ataque frontal que nuestra ciudadanía está sufriendo, acude a mi mente el llamado por Miguel de Cervantes, el “Fénix de los ingenios”. Me refiero a Félix Lope de Vega y Carpio, uno de los máximos exponentes del Siglo de Oro de las letras españolas y autor de la mítica “Fuenteovejuna”.

Se trata de una obra teatral que a pesar de estar escrita a principios del siglo XVII y en plenitud de la monarquía de los Austrias, plantea un conflicto abierto entre el poder y el pueblo llano. Establece, de forma preclara, el derecho de defenderse frente a la tiranía de aquellos que abusan de la sociedad para obtener y mantener privilegios.

La historia describe el levantamiento de toda una villa frente a su comendador por la exigencia de este de consumar el derecho de pernada  sobre  una doncella a puertas de contraer matrimonio. En resumen, todo el pueblo hace del honor de una muchacha el suyo propio…

Ciertamente, no lo duden, los “comendadores” que supuestamente nos representaban y daban protección, han ido interiorizando que el pueblo llano, laborioso y cansado de su día a día, poca atención prestaba a lo que más allá de su casa se trataba. En esa convicción de no sufrir vigilancia, nuestros “señores”, de las obligaciones se olvidaron e hicieron exigencia y derechos de sus prevendas. ¿Qué era pues el gobierno?, ¿cuales sus funciones?: robar mucho y mucho tiempo mientras otros trabajaban.

Mucho trabaja el burro incluso sin comida en el pesebre, más sin dilación muere. Así, en la misma medida, la confianza se ha minado, se ha llegado a reconocer a los “nobles” corruptos que en su insondable avaricia, han llevado al desastre a la nueva Fuenteovejuna. ¿Qué nos queda hacer si ya ni la bondad del Rey ha de darnos justicia y calma?. ¿Qué debemos proponer para salvar honra y llenar estómagos?. Levantarnos sin dudar…

Lope de Vega, en su rompedora propuesta, planteaba que el pueblo se tomaba la justicia por su mano y en la seguridad de la corrección de sus acciones, apelaba a la Corona y al poder establecido. El Fénix creía en la magnanimidad de los príncipes y que eran pocos los falsos y pecadores. La historia de España, nuestro presente, nos demuestran su error.

Una vez más, Fuenteovejuna se enfrenta a su Comendador. Nos ha robado el honor, nuestros medios de vida y nuestro futuro. No hay otra ciudadanos, nadie ha de venir a salvarnos pues solos estamos…

Brazo con brazo, unidos en una sola intención, podremos apresar y “ajusticiar” al indigno gobernante. Hemos de revelarnos y convertirnos en impartidores de justicia. Hemos de conseguirlo, hemos de lograrlo, cuando en el futuro se lea el último acto, así ha de versar: “¿Quién mató al Comendador? / Fuenteovejuna, Señor / ¿Quién es Fuenteovejuna? / Todo el pueblo, Señor”.

POLITICA ES MORAL

viernes, 1 de febrero de 2013

SOCIEDAD JUSTA: Igualdad.



Constitución Española, artículo 14: “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

La Carta Magna desde su artículo 14 y hasta el 29 enumera los denominados “derechos fundamentales” que como tales son innatos, inseparables de las personas, irrenunciables y objetivamente absolutos. Por tanto, pueden ser invocados por la ciudadanía sin necesidad de ser desarrollados por otra ley, ya que vinculan a todos los poderes públicos por su propia existencia constitucional.

Nuestra legalidad es, en  relación a la igualdad de los ciudadanos, meridianamente clara y sin lugar a dudas, justa. La cuestión es otra y mucho más compleja: ¿cómo se traslada la fría redacción de una ley a la praxis en el entorno social?. Difícil planteamiento en una sociedad dispar que hace necesario un esfuerzo de comunicación e implantación de las normas básicas de convivencia.

En general, las diferentes opciones políticas han gestionado la pluralidad de forma inadecuada. Se ha pasado del buenismo tranquilizador al frentismo más reaccionario en igual medida. ¿Qué corresponde hacer?, ¿cuál es la vía adecuada para una “política de igualdad”?. Respeto y educación, no queda otra…

La población debe percibir que su entorno social se rige de forma “real” por nuestras leyes y sistemas. Que ningún político o cargo electo hace de la diferencia un arma arrojadiza con la finalidad de conseguir rendimientos electorales, que el Estado es laico y obliga y protege por igual. En resumen, establecer de forma preclara un ámbito privado en el que cada ciudadano pueda ejercer su derecho a la diferencia.

De no conseguir la confianza y el compromiso del ciudadano, otras realidades suplantarán el supuesto papel integrador de nuestro ordenamiento legal. No hemos de aceptar la creación de guetos sociales y cualquier político o cargo electo tiene como obligación primera y última la incorporación de todos a la sociedad.

Nuestros representantes, sea cual sea su grado de responsabilidad, deben trabajar en una visión global para todo el mundo, en una infraestructura social que permita constatar a la ciudadanía  que las instituciones funcionan bien, provocando así, que cualquiera, al margen de su propia realidad, vea la utilidad de las leyes en su capacidad integradora.

Debemos respetar el ejercicio libre de la sexualidad al margen de su orientación, apoyar la legitimidad del matrimonio en cualquiera de las modalidades existentes, rechazar las actitudes xenófobas o racistas y cualquier posición sectaria que menoscabe la dignidad de las personas.

Permítanme incidir de nuevo en la idea, una legalidad que obligue y proteja, un ámbito privado en el que cada ciudadano ejerza su derecho a la diferencia. Ese es nuestro objetivo.

POLITICA ES MORAL

jueves, 31 de enero de 2013

SOCIEDAD JUSTA: Ejercicio de ciudadanía.



Ustedes y yo, todos en definitiva, escuchamos cada día y hasta el hartazgo opiniones similares a esta: “Todos los políticos son iguales, esto no tiene remedio. Los que se presentan es para robar lo que puedan y así va el país…”.
Bueno, sin poder enmendar la mayor,  quisiera afirmar que llegados a este punto, sin duda hemos de ser nosotros, los ciudadanos, los que impongamos la voluntad de cambiar una realidad que nos ahoga e indigna.
Tras una oscura dictadura, la incorporación a un sistema democrático nos hizo creer que nuestros horizontes, aún siendo lejanos, eran luminosos y limpios. Nada podía hacer presagiar que nuestros representantes democráticamente elegidos, pudiesen traicionar a aquellos de los que emanaba la voluntad popular. Creímos de buena fe que abusos y opacidades pasarían a ser hechos del pasado y así, satisfechos de lo conseguido, nos convertimos poco a poco en una sociedad dormida. En ella, gentes más agresivas y malintencionadas que nosotros, han construido una realidad paralela a la social en la que por las buenas o las malas, han conseguido atender sus intereses y lograr sus objetivos.
El momento presente es el que es, pero debemos estar dispuestos a luchar por lo que es justo. Indignarse, hablar, twitear, debatir en facebook, son vías válidas para opinar y pronunciarse, pero si verdaderamente queremos  “hacer algo” para cambiar la realidad, debemos estar dispuestos a luchar por ello y ser capaces de hacerlo. Ser ciudadano es un cargo público en sí mismo y como tal obliga…
Hemos de salir a la calle, acercarnos a las instituciones, entrar en ellas sin reservas ya que son nuestra casa y por tanto seremos bienvenidos. Si nos lo proponemos, conseguiremos revertir nuestro ordenamiento legal en beneficio de todos. El ciudadano puede y debe ejercer su condición de verdadero depositario del poder político. Un cargo electo ha de ser alguien en el que la ciudadanía delega temporalmente la confianza para actuar en su representación. Por lo tanto, hemos de monitorizar lo que se decide y hace en nuestro nombre. El objetivo no es elegir a nuestros representantes entre los más capaces, lo más importante ha de ser elegir a nuestros portavoces entre los más capaces.
Somos más y por ello, podemos cambiar la realidad.
POLITICA ES MORAL

miércoles, 30 de enero de 2013

SOCIEDAD JUSTA: Izquierda y República.


"La política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas."  Enrique  Tierno Galván.

Al viejo Profesor le dictaba la razón y una enorme capacidad de síntesis le permitió llegar a toda la ciudadanía.En el momento actual tendemos a pensar que todas las opciones políticas se ciñen a la máxima de “quejarse en la oposición y callar en el gobierno”. Pareciera cierto pero no lo es. No nos dejemos llevar por el horizonte inmediato.

Hay grandes diferencias entre gestionar el poder y sus instituciones con criterios conservadores o progresistas: en el primer supuesto, unos pocos se benefician de los rendimientos de la mayoría social, en  el segundo, la riqueza, los recursos, se entienden como compartidos y con la finalidad de conseguir justicia social.

Capciosamente, las posiciones oligárquicas y de casta social argumentan que las coberturas sociales, la protección, adormecen a la ciudadanía por el hecho de tener garantizados unos mínimos de vida y en consecuencia, sociedad y economía se resienten en su crecimiento. Nada más falso e interesado. ¿No es cierto que los países nórdicos son objetivamente capitalistas?, ¿es correcto decir que estos países incentivan la actividad económica de forma preclara?, ¿es erróneo afirmar que una economía fuerte genera tributación y la buena gestión de los tributos aporta bienestar?. No es necesario extenderse más, la llamada “economía de mercado” puede ser, sin duda, propia de una política progresista. Por tanto, ser de izquierdas, trabajar bajo esa base ideológica, es la más adecuada vía para alcanzar una sociedad justa.

En paralelo a la “gestión práctica de gobierno”, subyacen otros aspectos que tienen relación con la representatividad y legitimidad de las instituciones. Partiendo de una innegable necesidad de objetivizar los fines, no ha lugar a órganos de poder o gestión no controlables por la ciudadanía. En el momento presente, aceptar que el poder sea hereditario por nacimiento e incluso que los varones tengan prioridad sobre las mujeres (es el caso de nuestra casa real) es un anacronismo que de mantenerse, niega todo nuestro Estado de Derecho.

República es un término nacido del concepto latino Res publica y cuyo significado es, en sentido amplio,  la igualdad ante las leyes, el sometimiento del gobierno a la ciudadanía y la constatación de que no existe más forma de legitimar a los gobernantes que el ejercicio del sufragio. Los ciudadanos, con su voto, se dotan de la representación de los más capaces...

Nuestro presente es el que es. Aún hoy recelamos de un pasado que ya debería estar superado e interiorizado. Por lo tanto, aún acatando nuestro ordenamiento legal, es lícito aspirar a un régimen político donde no existan privilegios y/o discriminaciones, donde la economía tenga un fin social. Un sistema en el que  el gobierno de las instituciones nazca de las urnas. En resumen, una sociedad progresista y republicana.

POLITICA ES MORAL

sábado, 26 de enero de 2013

SOCIEDAD JUSTA: La independencia del Gobierno Local.



¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos. J.W.Goethe

La ciudadanía, a pesar de una clara percepción del desgobierno generado por sus representantes electos, poco o nada cree poder hacer para cambiar la realidad.

Sin duda, cualquier habitante de nuestros pueblos y ciudades ve como una quimera influir y generar cambios en los organismos de la Unión Europea, en la gobernabilidad del Estado o en su Autonomía. Ciertamente, los centros de decisión están lejos de cualquiera de nosotros pero también es cierto que  existe un ámbito inmediato y reconocible en el que nuestras propuestas y actos tienen efecto: el poder municipal.

El gobierno local está cerca, sus actuaciones se conocen de primera mano, sus decisiones se reflejan en nuestro día a día: la vía pública, el funcionamiento de los organismos de gestión, escuelas e institutos, ambulatorios, urbanismo, policía local, entidades ciudadanas y otros muchos aspectos de la cotidianidad, nos permiten valorar el trabajo de aquellos que gobiernan por mandato de nuestros votos.

Podemos decir que el ayuntamiento es el ámbito más cercano a la verdadera subsidiaridad democrática. También es innegable que los gobiernos municipales han incurrido en comportamientos propios de la mal llamada “política general”. Redes clientelistas, uso inadecuado de los recursos públicos, estructuras desarrolladas para asegurar representación y cargos han provocado un despotismo que aleja al Ayuntamiento  del interés de la mayoría ciudadana.

Si hemos de conseguir una regeneración democrática, la única opción es optar por plataformas de representación realmente locales e independientes, organizaciones que no sean sucursal o franquicia de partidos orgánicos de mayor tamaño. La acción de la política local debe centrarse en los intereses de la población, sin verse condicionada por ejecutivas, órganos intermedios o gestiones de gobierno alejadas de los ciudadanos y propias del Estado o de la  Autonomía de turno.

Un cambio futuro, una posible segunda transición, se iniciará en orden inverso al actual. Del Municipio a la Autonomía, después al Estado y finalmente a la Zona Euro. Un Ayuntamiento podrá coordinar y generar acciones con otros pueblos y ciudades, extrapolar políticas de la parte al todo es la vía adecuada. Si se me permite recurrir al tópico, el ciudadano solo dispone de una opción válida: pensar globalmente y actuar localmente.

POLITICA ES MORAL

SOCIEDAD JUSTA: La Representación.



En un momento en el que labor política está en entredicho, conviene recordar los conceptos básicos de la llamada representación social.

El objetivo primero y último de un partido político es promover y facilitar la participación de  la ciudadanía en los gobiernos democráticos. Es por ello que el objetivo no es el conseguir el poder para unas siglas, sino el representar los intereses comunes de la sociedad y servir de nexo entre el poder institucional y los ciudadanos…

La aspiración de llegar a una verdadera sociedad justa obliga, sin lugar a dudas, a cuestionar las estructuras orgánicas de los partidos tradicionales. La deriva de los últimos años ha demostrado de forma preclara que los mal llamados “representantes de la voluntad popular”, en realidad se han convertido en  una comunidad profesionalizada que les otorga privilegios y les permite acceder a recursos de forma continuada. En resumen, ninguna opción partidista parece contemplar los fines u objetivos básicos de interés social.

Los políticos no deben reconocer su estatus como “natural”. No pueden llegar a pensar en disponer de derechos adquiridos. No tienen que considerar la política como una carrera profesional. Gobernar, representar a la ciudadanía, es ser capaz de tomar decisiones a riesgo de no ser reelegidos.

La política no es una profesión…, los profesionales deberían hacer política.

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