miércoles, 8 de noviembre de 2017

EN EL FONDO, LA IZQUIERDA


Yo le rezo con fe insondable a Jaume Perich Escala, "El Perich". Escritor, dibujante y humorista, fue uno de los más bruñidos espejos en los que reflejar lo que era y sigue siendo nuestra sociedad.  Le añoro –y no soy el único- pues apuntilló la realidad de un modo que nos hace imposible olvidarle. El puñetero maremagnum de nuestro presente, al maestro Perich le ofrecería un caladero densamente poblado de feliz estupidez. Vamos, tendría el hombre una fuente de inspiración inagotable. Su pluma, en los momentos que vivimos, hubiese sido más fuerte que la espada, no en balde la esgrimiría un espíritu libre.

Tengo grandes frases del maestro grabadas a fuego en mi pasado. Hoy mismo, siguen explicándome de que va la pertinaz gana de cacarear y no poner nunca un huevo para hervir en el puchero. Una de las que más me gustan y que recuerdo cabreaba mucho en mi casa, dice así: “En nuestra sociedad no hay trabas: se puede ser de derechas o se puede pensar de izquierdas.” Mi augusto padre y algunos de mi familia ponían a bajar de un burro a Perich, pero tras las primeras descalificaciones –curiosamente- se hacía el silencio. Era y es un hecho, ser de izquierdas nos hace críticos. ¿Saben?, eso lo sabemos todos y siendo bueno y necesario eso del criterio propio, nos abre brechas en el frente y acabamos recibiendo hasta en el carnet de identidad.

Miren, uno era joven y ya empezaba a intuir de que iba eso de sobrevivir en el progresismo. Aprendí en casa que progresar era o debía ser avanzar, mejorar, en definitiva, hacer adelantos en aquellos aspectos para lograr una sociedad verdaderamente justa. Pero claro, teniendo maestros, uno va aprendiendo -¿lo imaginan?- a cuestionarlo todo. Llegó a mis manos, cuando contaba con quince tiernos años el libro Prietas las Filas de la hispanista Sheelagh Ellwood y se me vinieron al suelo todos los palos del sombrajo. La obra relata la historia de la Falange desde 1933 a 1983 y he de decirles que me gustó la lectura a la par que me preocupó y mucho. La cosa me quedó meridianamente clara: la derecha converge ante lo que considera sus objetivos y la izquierda ni por asomo. De no ser así la cosa, ¿estaríamos como estamos?, no lo duden, la respuesta es un no como el sombrero de un picador.

Vamos a los hechos que se nos imponen y observemos que ha ido sucediendo y sucede en el presente de España. En Cataluña más de dos millones de ciudadanos se han puesto de acuerdo durante años en mostrar en la vía pública la defensa de una idea que es una ilusión. Una ilusión que no parece concretarse en un proyecto de eso que les apuntaba antes como progreso. Se confunden los sentimientos con la solución a los verdaderos problemas del país y lo más sorprendente del caso es que la izquierda se ha integrado en la sinrazón de un objetivo, hoy por hoy, vacío. Es exigible, de los partidos que se denominan progresistas, el compromiso de que su poder de convocatoria se dirija a luchar por lo realmente necesita la gente. A riesgo de caer en la tontería, eso que necesitamos se concreta en la educación, la sanidad, la atención a la dependencia, la justicia, las infraestructuras y como sostén de todo ello, en el desarrollo de medidas económicas adecuadas y realistas.

Pero nones, la derivada de la casa común de la izquierda es la propia de una finca mal construida con filtraciones en paredes y techumbre. Lejos de buscar soluciones a los problemas, los políticos del espectro izquierdoso se acomodaron en el estatus de cargo electo, se agarraron al poder en base a sus rendimientos electorales y a los ingresos que estos generan. Así nos luce el pelo y lo dice un calvo. Vamos a ir tomando el pulso a la realidad: hemos perdido la guerra de las ideas por no saber construir nada útil sobre ellas. Dando mil y una vueltas sobre lo que han expresado nuestras calles, reivindicando conceptos vagos de España y Cataluña, lo único que vemos es trapo desplegado que no acoge aire para hacer navegar la nave. Me cuesta creer que no hagamos frente común para conseguir un futuro tangible. No entiendo que la pléyade se siglas de la izquierda hispana se maquille cada día en cuestiones superficiales que no van más allá de tranquilizar su conciencia. Bien le ha ido a todo el mundo el llamado problema catalán.

En el fondo, la izquierda. En la superficie una derecha homogénea y empoderada que debería estar encausada y sentenciada. Demasiadas veces lo escuché de aquellos que van ganando: la izquierda no hace nada a derechas. Añadiría lo que amargamente decía Don Ginés: el comunista deja de serlo cuando tiene moto propia, igual que el cura, llegando a obispo, deja de creer en Dios.

POLITICA ES MORAL 

domingo, 5 de noviembre de 2017

OSITO JUNQUERAS


Varios policias de mi país que hacía labores de vigilancia frente a la Audiencia Nacional, mientras esperaban que los miembros del Gobierno Catalán fuesen trasladados a prisión, mostraron su deseo de que los reclusos se follasen al osito Oriol Junqueras. Es más, barruntaban que bien follado (explicaban gráficamente que a cuatro patas) incluso le arreglarían el ojo vago. Ya saben, uno de los aspectos físicos que identifican al ex vicepresidente de la Generalitat.

Gloriosa la gente que sirve a mi patria, diría que ejemplo de los valores hispanos, sin duda lo mejor de cada casa. Miren, muchos estamos hartos de veras, hartos de observar que esto de la independencia haya sacado del armario tanta, tantísima mierda. ¿Un español de bien es alguien que de media sabe comer, dormir, cagar y a la que puede, joder al que no piensa igual que él?. Bueno, decir pensar mucho parece, mejor digamos que se limitan a mirar de comprar teles y coches a plazos, pensándose los muy ilusos que son clase media. Para estas gentes el peligro rojo podemita es el problema de nuestras días, y llegados al pulso catalán, encuentran, en una Patria que no saben explicar ni entienden, sentido sencillo para su aburrida vida.

¿Qué puñeta hacen los nazis, fascistas o llámense a esta gente como se quiera en las manifestaciones en defensa de la unidad de España?, ¿qué hacen los organizadores y los partidos demócratas yendo de la mano con las siglas que reverdecen el franquismo y que renuevan la fantasmagórica idea que ser de izquierdas es pertenecer a infectas hordas marxistas?. ¿Qué sucede para que la policía no actúe de oficio ante gentes que cantan el cara al sol o que piden que los indepes sean fusilados?. No sé, la verdad, pero tenemos un problema, pues no puede pensar un español de bien, convencido demócrata, que para salvar la unidad y el proyecto futuro de España, sean activos relevantes los nazis de nuevo cuño que defienden una pasado que nunca han vivido.

Miren, en ya demasiadas ocasiones he dejado claro que el proceso a la independencia de Cataluña es algo basado en una quimera y que se inició con una ruptura legal que resulta imposible  ponderar. Vamos, que se han tenido un par de cojones para dar por hecho que aquí, con sonrisas y banderas, se creaba un nuevo estado y los actores implicados se quedarían tranquilos y callados. Está claro el tema, pero lo que ahora pienso es otra cosa: defendiendo la unidad de España, ¿también le salvamos la piel a los ladrones que dicen salvarla?. Ahí, más que pocos nos preguntamos qué piensa el español medio que sufre el paro, la falta de apoyo a la dependencia, la degradación del sistema sanitario, la pérdida de capacidades educativas y por ende,  la falta de un futuro para sus hijos.

Soy catalán, soy español y no deseo que vengan a salvarme en nombre de una patria que gobiernan gentes que no me representan. Es cierto que ese Gobierno fue votado, pero también lo fue el de Cataluña y lo cuestionamos en base a sus faltas o delitos. Espero que se acabe por entender que no puede la zorra guardar el gallinero. No puede un partido corrupto tapar su mafia en nombre del alma de España. Estimados compatriotas, ¿queréis ayudar?, pues pugnar por un verdadero estado de derecho que inhabilite a un Gobierno que debería estar defenestrado por sus incontables causas judiciales. No lo queremos ver, pero el jodido y kafkiano conflicto Cataluña-España está resultando un negocio redondo para las oligarquías extractivas de uno y otro lado. Miren, quitémonos la venda de los ojos, toca unirnos en una idea de país que se base en los derechos y las obligaciones de la ciudadanía. No podemos seguir a los aedos de las mentiras en base a una vacía idea de patria. Lo hemos observado en la propuesta secesionista catalana, ¿queremos vivir e imponer nosotros lo mismo?.

Lo estamos haciendo mal, pues lo que se nos transmite a los que vivimos en el Principado, es que las leyes y las fuerzas de seguridad del Estado vencerán y machacarán. En conciencia, aspiramos a algo más. Deseamos llegar a un acuerdo marco, cuyo espíritu sea inclusivo de todos y cada uno de los catalanes. ¿Qué puede esperarse de un Gobierno que en boca del Vicepresidente del Senado amenaza con aplicar otra vez el 155 si en las elecciones de diciembre vuelven a ganar los independentistas?. ¿Era necesario proceder a encarcelar cuando nuestra legalidad puede actuar de forma más ponderada e igualmente expeditiva?. Algo hemos de saber ver, lo que se hace en Cataluña da votos en España y lo mismo a la inversa. Ha de romperse el binomio diabólico que alimenta el nacionalismo de una y otra orilla. La herida está más que abierta y un Gobierno de estadistas y no de oportunistas, lucharía con denuedo por cerrarla. Si piensan lo contrario y les place el guion que ahora se representa, quizás yo empiece a entender que su idea de España, más que me duela, no es la mía.

Oír que a unos agentes de mi policía, les resulta gracioso imaginar cómo violan a un político que representa -según nuestras propias leyes- a muchos españoles, me hace pensar que empezando por una punta, a todos nos llegará el turno (disculpen el recurso) de que nos den por el culo. A vueltas con Ortega y Gasset, estimados y respetados compatriotas, habéis de saber que España no es esto que nos quieren vender.

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viernes, 3 de noviembre de 2017

EL BARÓN RAMPANTE


No sé  qué me lleva a mirar poco hacia Italia. De hecho, mi presencia en el país transalpino siempre resultó grata, pero quizás intuyo a los italianos una mar de fondo que nunca comprendí. No me gusta la improvisación como modelo de conducta social, será por la poca sangre tedesca que me queda en las venas.

Raruno es uno cuando intenta entender la realidad, no lo voy a negar. Pero miren, siempre parece que invitados inesperados me ofrecen pautas cuando mi pelota no da para más y amanaza con estallar. Hoy he visto –como me sucede demasiado últimamente- un asidero en la única  finca valiosa que poseo. Me refiero a mí amada biblioteca y entre todos sus habitantes, voluntarioso y extraño, se me ha significado el lomo del Barón Rampante del genial Italo Calvino.

Nacido en Cuba, Calvino regresó al país de origen de su familia y  a la edad de veinte años, fue reclutado por la fascista República Social Italiana. Desertó y se incorporó a los partisanos que la combatían. Tras el conflicto mundial, retomó sus estudios y trabajó como periodista mientras empezaba a sumergirse en la literatura. Quien conoce al autor, observa que ahí encontró el modo de intentar explicar eso de ser ciudadano en el tiempo que le tocó vivir. Bien, siendo su producción vasta, como les decía, ha sido el Barón Rampante lo que hoy me ha recetado el literato a modo de analgésico.

El libro explica la vida del Barón Cosimo, un noble en decadencia que tras una banal discusión con su padre decide vivir en los árboles y nunca más volver a habitar la tierra. Curiosa propuesta, ¿no es cierto?. Bien, quizás no tan descabellada, pueden creerme. Creo que podrá resultar curiosa la historia, pero Calvino describe magistralmente un mundo que niega la voluntad y los deseos del individuo. Comparto la tesis en su totalidad, pues es un hecho que las sociedades, mejor dicho, los gobiernos, pretenden poner en barbecho la libertad del ciudadano y buscaron y buscarán la forma  de allanar el criterio subjetivo en aras de unos supuestos comportamientos que buscan el bien común.

Miren, les hablaba de los asideros necesarios y de la mentalidad italiana, pero quiero guiarles al movimiento al que inicialmente se sumó Calvino. Me refiero al neorralismo, una forma de escribir que se convertirá en uno de sus valores inapelables: el autor simplifica su narrativa con una sincera voluntad de servicio a sus lectores, a todos los lectores, incluso a aquellos que pudiesen considerar no serlo.

En honor a mi hoy Doctor de cabecera acabo y lo hago simplificando, pues no queda otro remedio. En Italia la mafia es cosa de antiguo y ha controlado la sociedad en caótico orden, pero en España –supuesta nación modélica- los delincuentes no necesitan sombras y a cara descubierta, forman parte del gobierno.

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lunes, 30 de octubre de 2017

BANDERAS DE NUESTROS PADRES




Uno no es muy amigo de la televisión, vaya la cosa por delante, pero en ocasiones la llamada caja tonta ofrece -entre la bazofia- momentos de genial brillantez. Uno de estos es la sitcom (comedia de situación) Big Bang Theory.

En esta serie -que ya acumula once temporadas- habitan personajes histriónicos pero cargados de sentido. Jóvenes científicos, que intentando normalizar su enorme capacidad intelectual en el mundo real, generan hilarantes momentos al aterrizar en la tierra. Bueno, mejor dicho, al intentar caminar por la misma. Entre ellos destaca un físico teórico llamado Sheldon Cooper que a pesar de mostrar grandes carencias relacionales, establece fórmulas de comunicación cargadas de creatividad: una de ellas es una iniciativa vía internet llamada “Diversión con banderas”. En ese programa, Sheldon Cooper –junto a su novia- presenta y explica el origen de las mismas. En fin, pone en uso la vexilología, el estudio de las banderas en su más amplio sentido.​ Esta disciplina es una útil herramienta para la historia, pues el estudio de los símbolos explica muchas realidades de nuestro pasado y presente.

Me hierve hoy la cabeza en un estofado de trapos estampados y la verdad, poco me importan la mayoría de los mismos. Eso sí, hay uno que me inflama el espíritu y viéndolo pasearse de la mano de según qué otros estandartes, caigo en la tristeza más honda y me doy cuenta de que la bandera que ahora veo menospreciada, no es la bandera de mis padres. Hoy su razón de ser es tangencial y no finalista. Es remedo de todo y nada en si misma, diríase que ya es más folclore que digno símbolo de altas aspiraciones y metas. La tricolor que cubrió nuestra sangre ya no es resumen silente de una República igualitaria, es un paño de cocina con el que todos se limpian las manos. Como siempre digo, esta es mi opinión hermanos, y de vueltas con Ortega, afirmo que esa enseña tricolor no es ni fue esto que hoy se enarbola. Eso que ahora se aclama – y mucho lo siento- es una mentira interesada.

Le doy vuelta al seso y se me exprime por momentos. La bandera republicana parece aperitivo de independentistas y justificación transversal de unionistas, pero siendo el trapo más digno, sirve para limpiarse los mocos. ¿Qué no?, vamos a ver, ¿quién puede explicarlo de otro modo?. La presencia de mi bandera para establecer puentes entre dos soberanismos equiparables es cuando menos  falaz y cuanto más falso, pues el concepto republicano es federalista y teje sinergias entre territorios y naciones pero dentro de un proyecto integrador. Por otra parte, el nacionalismo español viene a beatificar su rostro permitiendo que esos “extraños” republicanos se sientan integrantes de la casa común. Evidentemente uno se pregunta algo bien sencillo: ¿la casa común es gobernada por algún elemento político cercano a los valores que algunos reconocemos y denominamos como republicanos?. Es un hecho que no, así pues nada ha de añadirse.

Me congratulo de no haber caído en la tentación de acompañar mi asistencia a diferentes manifestaciones con la bandera que defendimos en Madrid, en el frente de Levante y en la retirada de Cataluña que nos escupió al exilio. Sí, me alegro de veras, pues acercarla a la demagogia de los extremos no conviene al símbolo de la que habría de ser la casa común de todos. Es grato observar como centenares de miles de ciudadanos se manifiesten en nuestras calles a favor o en contra de la independencia. De hecho, siempre he considerado que la mal llamada masa social debe personarse en espacios comunes que demuestren que los políticos no tienen patente de corso. Y ese es el problema, pues actualmente, los espacios comunes son demasiado laxos y poco definen la verdadera voluntad de las buenas y malas gentes.

Cuesta tragarse el sapo de ver a la bandera que define mi alma en alegre componenda con aquellos españoles que a muchos –en pasados y presentes-  nos negaron el que pudiésemos serlo. La tricolor es casa común, es cierto, pero también ha de exigir que todos respetemos unos mínimos relacionales. Insisto, no tiene razón de ser en según qué lares la enseña que marcó el abril más preñado de esperanza de la historia de España. Los nacionalistas la imaginan hermana cuando en realidad quiso ser madre, los unionistas la miran con gracejo, pues de tan compleja, les parece un dama inalcanzable y sensualmente vestida.

No, no les pertenece la bandera que tres colores muestra. Deben dejarla  en el jodido arcón de los trastos viejos y será más digno su sueño que permitir que soles abrasadores la recoman. No es su lugar este tiempo, no es este tiempo mi lugar tampoco. Viendo como vi la bandera de mis padres rodeada de gentes que diciendo de si mismos ser españoles, ultrajan a mi país con su violencia cuando en nombre de no sé qué, salen a la calle defendiendo una España en la que ni ellos mismos creen, ni una vez más compartir espacio quiero. Siempre aparecen fascistas disfrazados de patriotas. Ahí no quiero a mi trapo, ahí no tenemos sitio los cuatro gatos que nos sabemos republicanos viejos. Lo siento, no trago el matonismo de un lado y otro. Así que mejor doblar la enseña que convivió con el himno de Riego y dejarla fenecer en paz, que nada de lo que ahora se ofrece es verdaderamente bueno para bordarla o para remendar la piel de toro.

Me revienta la hiel cuando un supremacista español se acerca a un republicano para llamarle traidor por anhelar un modelo social más justo, pero joderme me jode más que otros se vengan arriba afirmando muy ufanos que les resulta simpático eso de los republicanos. Me llevan los demonios cuando tras la primera palmadita en la espalda, lo siguiente es decirnos que somos majos, pero que estamos equivocados. Bien, pues gracias por perdonarnos la vida y sepan que puestos a decir algo, mejor me callo y vayan imaginando. Lo dicho, la tricolor es vista como una rareza histórica, incluso los jóvenes se me acercan y preguntan –para mi tristeza- que significa esa bandera. Uno sonríe y explica, pero se da cuenta que la noche franquista borró su sentido y ahora, el embrollo de los nacionalismos, hace con ella lo mismo.

El Escriba del Tercio Viejo –hermano que me ayuda a batallar el silencio- dice y persevera en decir que no estamos preparados para algo tan hermoso. A mi pesar la razón le otorgo y le respondo a él y a todos en boca de Camus, que afirmaba acongojado  la tiranía no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.

Sigan con rojos y gualdas en dispar disposición, yo recojo trapo y regreso a mi rincón.

POLITICA ES MORAL

viernes, 27 de octubre de 2017

SOMATÉN


Hace un suspiro que parte de los representantes políticos de Cataluña han declarado la independencia respecto a España. Dicen los medios de comunicación que las cuatro provincias catalanas configuran ahora una nueva República.

Bien, es un hecho, hay un montón de ciudadanía feliz y contenta celebrando la cosa, pero eso es lo que se ve, no lo que realmente es. No hay situación más tensa que la que hoy vivimos los catalanes, pues estamos rotos en dos. Mejor dicho, estamos quebrados.  Lo estamos tanto que es harto difícil imaginar el futuro de nuestra tierra. Habrá gentes a los que la cuestión soberanista les sea aire que se respira, pero lo realmente importante es que no son –en ningún caso- la mayoría social que pudiese justificar el dantesco escenario que hoy se ha dibujado.

La proclamación de la nueva República Catalana ha mostrado sonrisas, pero esconde muecas tristes y me atrevería a decir que también más que pocas lágrimas. No es la decisión de hoy algo que pueda entenderse como aceptada por todos aquellos que viven en el Principado, bueno, ahora ¿republicado?. En fin, yo no sé qué hacer o decir y es más que probable que corresponda hacer del silencio la mejor de las respuestas. Me decía uno de tantos amigos que hoy ha cruzado palabras conmigo, que era más difícil callar que soltar la boca y ya ven, no puede uno hacer caso, no en balde siempre preferí  las cabras a las ovejas.

Veamos, en Madrid no se ha querido atar una solución en tangente y en Cataluña pareciera que se vaya ganando el pulso por incomparecencia del contrario. La verdad, la cruda verdad, es que la posición silente que muestra el Estado es la calma que precede a la tormenta. Veo y leo que muchos de los apasionados e hiperventilados independentistas, llaman a defender las instituciones catalanas. Incluso he podido fijar la vista en textos que animaban a los que somos templados, equidistantes o terceristas, a quedarnos en casa con nuestras familias y a no sufrir. Dicen que serán los verdaderos patriotas los que reciban los golpes y defiendan la República con sus cuerpos. Muy épico el ofrecimiento, pero no lo comparto. No quiero que nadie deba partirse la cara por nadie, debió servirnos eso tan desgastado y vetusto que se llama Democracia ¿les suena?.

Pasen y vean, busquen y desgranen, tómense su tiempo y no se abandonen a la rabia. Lo contrario es caer en lo que ya se denota en eso tan en boga de la red: aparecen demasiadas fotos de militares como alegoría de la solución al problema catalán y también ilustraciones de miquelets (tropas catalanas del Siglo XVIII) como icono de resistencia. Subyace una épica estéril y tosca, es cierto, pero las gentes que cuelgan esas cosas, explican los extremos. Ya sabemos, son los síntomas los que dan las pautas de la patología.  No es momento de esperar que la suerte arregle el caos, es momento de trabajar en base a hechos concretos que eviten la violencia. Sí, una violencia que siempre es derivada de relatos beatíficos vacíos pero tóxicos.

En breve plazo se gritarán proclamas para defender a la Patria y ¿saben?, mejor que aquellos que crean en ellas marquen los enfrentamientos en los descampados de pueblos y ciudades. Pues siendo los gestos importantes, hoy se ha dado uno de relevancia capital: aquellos que marcan o pretenden marcar el futuro de más de siete millones de catalanes, han votado por proclamar la República  de forma secreta. Cómo decía un gallego en Airbag, la genial película de Juanma Bajo Ulloa, profesional, muy profesional…

Hoy estoy intranquilo, triste y decepcionado. En cualquier caso, si se llama a Somatén, espero que me pille lejos, pues como ya dije muchas veces, no puedo imaginarme que nos hayamos de significar al ver de qué lado se vierte la primera sangre.

Cuidado pido a los aedos de un futuro épico y costoso. Esto no terminará rápidamente y lo que es peor, lejos de disfrutar, lo sufriremos.

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miércoles, 18 de octubre de 2017

WELCOME TO SARAJEVO


Uno se levanta, pone la radio y al poco la apaga. Uno se levanta y lee la prensa, y abandona la lectura. Uno sale a la calle y escucha, y deja de escuchar. Uno ya no sabe que decir y a nadie le importa lo que digas, pues todo quisque está muy seguro de los dogmas de su fe. Uno piensa y en silencio ve que hay que regresar a casa antes de la tormenta. Ya hemos llegado a reconocer enemigos –cuando menos antagonistas- en nuestra ciudad, en nuestro pueblo, en nuestro vecindario. Hay quienes hablan de que mejor fosas en las cunetas que cárceles, hay quién desea ser libre sin estar oprimido, hay quien habla de que empiece el baile y que Dios sepa elegir a los suyos. Hay quien es culpable y de rositas se ha ido, hay quien salvará la piel como siempre ha sido, hay quien caerá en la calle y mientras, los que siempre claman por la guerra, ocuparán el lugar que siempre han elegido, la retaguardia.  Lo he oído muchas veces: hay que ganar y machacar. También escucho que se ha acabat el broquil (sinónimo de hasta aquí hemos llegado). La cosa es que nos haremos daño, nos empezaremos insultando, cobraremos la ofensa con maniobras que a otros afecten, y llegados a la rabia ciega, nos haremos daño.

Más vale que lo aceptemos, estamos a un paso de tirarnos a la yugular de los otros. Me dicen también algunos tontos útiles como yo mismo, que se llegará a un acuerdo, a un punto de equilibrio y yo -pueden llamarme idiota- creo que el daño ya está hecho: el próximo año se escribirá con C de crisis y poco o nada podré haber hecho para evitarlo. Políticos afirmando que nada sucede con la economía, otros hablando de que el catalán es una lengua que somete al castellano y que aquí se ha perseguido todo lo español. Que si mano dura, que si libertad o muerte, que si me cago en tu puta madre,  que si te arranco los dientes...

¡Amenaza tormenta!, grita la vigía realidad desde su alta cofa. ¡Soltad trapo y avante!, gritan quienes pilotan la nave. Siempre se obedecen órdenes, pero toca -como en el motín del  Maine- deponer al Capitán. Por favor, todos los que llevamos nombre y hemos nacido de madre debemos pensar antes de hacer. Mientras nos armamos en ideas que de seguir impenitentes habrán de menester fusiles, Pujol anda de fiesta y también en Suiza la gozan los Borbones. ¿Qué creemos?, ¿que la realidad se armará sola en nuestro total y brillante beneficio?. Las personas que eso piensen es que están muy locas o sucede que vivir en el caos les divierte. En Cataluña es necesario y lo es en España sin duda, toca hablar de ciudadanos y menos de patrias. ¡Sí! Y lo digo ahora, que nunca es tarde para hacer pensar a los hombres. Bienestar social, trabajo y esperanza necesitan los comunes. Cuando semejantes cosas se sustituyen por honras, agravios y pasados, es que la sociedad  está rota y ha caído al vacío de un barranco.

Ya sé, ya sé, soy un infecto equidistante, no es menester que me lo recuerden a cada instante, pero miren ustedes, la verdad nos hará libres y hoy -vaya casualidad- la verdad me asiste. ¿Que a pesar de ver las cosas no pica el gusanillo de una guerrita que nos ponga a todos en su sitio?, ¡venga!, que quizás sea nuestro sino: la Guerra del Francés, tres Guerras Carlistas, la Revolución Gloriosa y la Guerra Cantonal, la Guerra del Rif y por fin el Glorioso Alzamiento Nacional que nos regaló nuestra hermosa Guerra Civil, así lo demuestran. ¡Cuidado!, no olvido las Guerras de Independencia americanas y los desastres de Cuba y Filipinas. En estas últimas también pagó el pato una población inculta y pobre que sirvió de parapeto a los que entonces gobernaban España.  El destino de una tierra extraña, la tierra en la que he nacido, vive de no poner en demasiado valor la sangre de sus hijos. ¿Qué si esa tierra es Cataluña o España?. ¿Lo ven? , después de tanto leer nada han entendido.

Allá por el 1991, en un instituto de Zagreb, se reclutó por mandato del nuevo gobierno a los alumnos de último curso para defender Croacia. Se apeló al orgullo patrio y a la siempre socorrida idea de defender la libertad. ¿Saben?, lo mismo –o similares cosas-  hicieron serbios, bosnios, eslovenos, macedonios y montenegrinos. De aquel grupo de entusiastas bachilleres croatas no se salvó ninguno. Estoy seguro de que se preguntan sobre la memez de traerles a la memoria la Guerra de los Balcanes, pero pueden creerme, es oportuno y urgente. Allí vecinos de siempre se cortaron –literalmente- la cabeza. ¿Que exagero?, no, lo siento. A todas luces parecían vivir en harmonía. Bueno, no apunto más a las conciencias que al final, cuando no gustan los mensajes, siempre muere el mensajero. Eso sí, señores que ostentan cargos que imagino resultan o habrían de resultar útiles: salgan de la jodida trinchera antes de que el odio nos joda otras dos generaciones.

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lunes, 16 de octubre de 2017

EL ALMA DE ANDRÉS


Andrés, ya puedes ir con cuidado. ¿Te has de ir a Barcelona ahora?.

¡Pues claro María!, ¿qué pijo habría de pasar?. Se ladra mucho, pero nadie está por tirar el carro por el pedregal. Tú tranquila, hay que acompañar las dos manás que hemos vendido al LLopis.

Más o menos así debió darse la conversación entre mis abuelos durante la primera quincena de julio de 1936. Bien, la cosa es que Andrés Cuestas –como hacía siempre cuando cerraba tratos en la Ciudad Condal- estaba alojado en un hotel de las Ramblas la mañana del 19 de julio. El ejército se había sublevado el 17 en África y el 18 en Sevilla. En domingo estalló la violencia en Cataluña: parte de la guarnición de Barcelona salió de los acuartelamientos para controlar los puntos clave de la ciudad. El General Goded lideró el golpe, pero el responsable militar de la IV región militar, el General Llano de la Encomienda era contrario al levantamiento. Cataluña se mantuvo fiel gracias a la actuación de la policía, de los guardias de asalto y de la Guardia Civil, pero también por la actuación de las milicias populares que obtuvieron armas de los acuartelamientos.

Andrés, como alcalde pedáneo de su pueblo, llamó para ver como evolucionaba la cosa por su tierra. Tranquilizado por la situación en el Campo de Cartagena, intentó contactar con sus uno de sus hermanos que vivía en la comarca del Vallès Occidental: no lo consiguió. Tampoco había medios de transporte disponibles y no quedó otra que atrincherarse en el hotel y esperar. En cualquier caso, los combates fueron fieros y se dieron bajas en todo el tramo de las Ramblas. El golpe en Barcelona se cobró centenares de muertos y miles de heridos. La danza de la parca acabó el día 20, pero a partir del 21 –así lo explicaba mi ancestro- se cobraron facturas que nunca debieron haberse librado: la CNT y la FAI se hicieron con el control de las calles. El verano del 36 salió muy caro: durante nueve semanas se ejecutaron más de tres mil personas en aras de la revolución popular.

Andrés era socialista, republicano y católico. En resumen, uno de aquellos autodidactas españoles que no renunció a nada –bueno y malo- de la realidad de su país y que en todo veía enseñanza propia y comunitaria. Regresó tras el golpe a El Escobar (su pueblo) y no se reprimió en decir que no reconocía nada como válido en todo lo que sucedía y que una vez más tocaría utilizar los surcos del campo para que habitasen los muertos. No se equivocó: le dieron la razón tres años de guerra y una posguerra de venganza y exterminio organizado de almas e ideas. Preso y desterrado por haber sido íntegro, enterró su honra en el campo de concentración de Formentera. Salvó el pellejo vendiendo el alma, pero a su vuelta a casa había sido expropiado, su hijo había perdido la cordura y la esperanza, sus hijas no tenían futuro y su esposa parecía estar viva pero en realidad hacía tiempo que había fallecido.

Murió sentado en una mecedora, acosado por un dolor viejo, avergonzado de todos y más de sí mismo. Una mañana de 1956 –también de domingo- mi abuela le acercó un café con leche y unas galletas maría. Nos explicaba que fue a la parte posterior de la casa a regar su jardín (un pequeño vergel en mitad de un secano) y al regresar creyó que Andrés dormía. Pensó en reñirle cuando despertase, pues había dos galletas en el suelo que silenciosa hubo de recoger. Fue mi tío quien descubrió que el marchante de ganado acababa de cerrar su último trato.

No les diré que España no tenga remedio, pero nunca ha sabido poner en valor a sus marchantes y a sus acuerdos. Así estamos y estaremos, añorando el valor de la palabra dada, pero aunque os importe un bledo, los que conservamos la sangre de Andrés no os lo perdonaremos nunca. Ya sabemos cómo son las puertas del infierno.

Mi abuelo era marchante de ganado. Lo suyo eran las ovejas y los corderos, pero siempre entendió que mejor cabra que oveja. Malditos seáis, nos veremos en el averno.

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