jueves, 5 de octubre de 2017

LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES


La verdad es que siento tristeza. Una tristeza extraña, pues fruto de la desesperación, se me torna en rabia. ¡Cuán fácil es fiar el futuro a la ilusión vana!, según parece, la cosa es creer en algo, evitando que nadie nos diga que no sirve para nada. Aquí estoy, aquí estamos, espectadores de un desastre que empecinados, negamos.

¡España nos ataca!, se grita a mi lado. ¡Los golpistas catalanes han de ser castigados!, escucho un poco más apartado. Hideputas todos si no os echáis a un lado. Menesterosos de esperanza, nos la vais a robar a toda. ¿Quién creéis ser?, ¿cómo osáis hablar por todos?. Y ¡cuidado!, que aquí tajo parejo os rebano razones, sea cual sea la enseña que os cubre. La mía es la Democracia, en su más pura acepción. Lo que me ofrecéis como respuestas no son democráticas y sí, os lo afirmo yo. Se acabaron las templanzas, me habéis roto los puentes, y si queréis salvar algo, rescatad voluntades y mejor que apretéis los dientes.

Todo empezó de la peor manera y sigue con las mismas cañas, ignominia puesta en escena que no podía ser aceptada, ¿de veras creímos que los días 6 y 7 de septiembre eran el inicio de un viaje hacía un parnaso bañado por leche azucarada?. De eso nada, de eso nada. Lo que mal empieza mal acaba. ¿Qué España no ha estado ni está a la altura?, ¡pues claro!, ¿quién puede negar la cosa?. Nadie puede ni podrá olvidar la violencia del domingo pasado. Pero amigos o lo que me resultéis ser, la fuerza de la calle se diluye con el miedo a que los huérfanos crezcan  regados con la sangre de los padres ausentes. ¿Queremos mártires?, ¿apelamos a la épica que nos escriban una hermosa historia?. Vamos, ¡por favor!, regresemos a la calma y recordemos que reconvenir caminos, no es rendirse ni ante otros ni ante uno mismo.

Yo lo siento mucho, pero si hablamos de libertad, lo que ahora estamos viviendo no contiene ni un atisbo de la carga semántica del término. Primero por una razón inapelable, muchos no se sienten oprimidos y por eso no salen a la calle. Segundo, si el no saber les hace culpables por desconocimiento, no agitemos avisperos y sepamos explicarles. Cataluña está en la picota y por mucho que gritemos no avanzaremos más. Si se proclama una declaración Unilateral de Independencia, estaremos en guerra. La peor de todas las guerras, una guerra civil. No importa la intensidad que tenga. ¿No os preguntáis que sucede, por ejemplo,  en la Junta de Jefes de Estado Mayor?, ¿os suena facha y peligroso?. No os engañéis, en cascada ya bajan las órdenes a los acuartelamientos. En nombre de una Democracia enferma, se abrirán las puertas del averno y los patriotas que persiguen sueños empezarán a contar muertos. Por cierto, en nada exagero, pues el trasfondo de todo es económico y Europa –siento decirlo- mirará siempre a otro lado.  La deuda es lo primero, poderoso caballero es Don Dinero.

Me jode perder la mano de los Besteiros y encontrarme -desayunando en el bar- a Camus y a su teoría de lo absurdo, pero el muy cabrón es el único que dice verdades sin importarle quien escuche, y vamos,  lo hace con dos bemoles. En los últimos días me ha mirado al entrar en el local. Siempre de soslayo pero inquisitivo me buscaba la conversación y yo se la evitaba. Hoy no ha sido posible: sin esperar permiso, se ha sentado frente a mí y ha puesto en marcha un discurso que siendo trascendente, me ha asustado mucho más que mucho.

Él sabe que le leí y le leo, así que ha recogido lo más granado de su pensamiento y sobre la mesa lo ha dispuesto. Me ha dicho con voz atrancada que diga y persevere en decir que era mentira cuando le decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría. Raspado y doliente, agobiado sin duda, se armó de voluntad y cogiéndome el brazo con fuerza, elevando la voz, me escupió la exigencia de que explique a todos que puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad. ¿Qué es lo que propone que hagamos?, es sencillo: hablar y no parar de hablar. Siempre es mejor un mal acuerdo que una hermosa derrota. Sí, ya lo sé, demasiado lo estoy repitiendo, pero es que hay mucha gente interesadamente sorda.

De repente guardó silencio. Al bajar la mano con la que me asía el brazo, golpeó la taza de su café y se manchó la gabardina. Sonrió en una mueca que ya le conozco y dijo: no importa, tiene más lamparones, pero sigue protegiendo del frío y la lluvia. Nos quedamos allí, uno frente al otro, instalados en una calma incómoda y lloramos masculinamente serios. Se levantó sin avisar, fue a la barra y pagó su café y mi desayuno. Al salir, parándose en el quicio de la puerta dijo alto y claro que para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad, pero que para él es la soledad infinita. Así acabó la mañana, así olisqueamos la próxima derrota.

Pensemos todos, sin faltar uno. Si esto sigue así y no se para la deriva, ya no importará quien es culpable o a quien la razón asista. Cuando tengamos el primer mártir, no lo dudéis insensatos, con ese mártir habremos muerto todos.

POLITICA ES MORAL


miércoles, 4 de octubre de 2017

ROMA NO PAGA A TRAIDORES


Sabes que te aprecio amigo , pero, ¿cómo preguntas si el Rey puede mediar en el pandemonio en el que nos encontramos?. Precisamente por entender que  la Monarquía es una institución que tiene su razón de ser y existir en la propia Constitución, puedes darte tú mismo la respuesta.

Me dices que la situación que vivimos es  totalmente hipócrita, pues es falaz afirmar que este es un problema exclusivamente de España. Afirmas que el problema es de toda Europa, y que esta no puede permitir ni admitir una Unión Europea de mini-estados.  Me recuerdas  que en una estructura polarizada no podrían aplicarse con la misma facilidad las políticas neoliberales que definen el actual rumbo de Europa. Amargamente me apuntas que se deja todo en manos de España para frenar la disyuntiva entre las normas de un Estado de Derecho y la voluntad popular de los ciudadanos de Europa. También me dices que el tema odio, rollo nazi y eso de catalanes  de bien o malos, forma parte del argumento reaccionario. Vamos, afirmas que el trasfondo real es otro: el pecunio, es decir, el dinero, manda.

Oye, te doy absolutamente la razón, pero no como desearías que te la diera. ¿Crees que un nuevo estado implantaría sin demora un sistema socialdemócrata que nos llevaría a una eterna sociedad de bienestar?. Lo dudo, ¿te suena eso de la globalización?. Pero eso sí, podemos de hablar de sentimientos que nos la decoren aunque no nos arreglen nada. Yo no soy independentista, lo siento, ya lo sabes así que preferiría hablar de un estado que me reclamase impuestos para establecer servicios de calidad y educación, antes que de una patria escasamente definida que pudiese caer en la veleidad de reclamar que vierta la sangre por ella. No te molestes, comprendo todo y más, pero pudiendo elegir, prefiero un mal acuerdo que una hermosa y épica derrota: ya hubo una en 1714 y aquí seguimos. Eso sí, más mal que bien. Quiero recordarte en mi despreciable equidistancia que aquí estamos por la irresponsabilidad de unos gobiernos que viendo que perdían capacidad de latrocinio, no pudiendo dar pan nos prometieron bollos que pareciera no necesitan harina (me encanta la anécdota de Maria Antonieta, curioso personaje).

Nos conocemos desde siempre, así que hablaremos de los que quieras siempre y cuando nos respetemos (cosa que tú y yo hemos hecho hasta la fecha), pero la cosa está al límite. Sin lugar a dudas que llamaré al Rey, al entestado Gobierno de la Generalitat y al Papa de Roma si fuese necesario. Pues cualquier Institución, persona o cosa es útil en este momento. ¿Crees que una torticera Declaración Unilateral de Independencia arreglará algo?, te digo que no. Podemos hacer una exhaustivo listado  histórico de agravios pero la cosa –lo siento mucho-  es que así como estamos, vamos a una confrontación civil. ¿Realmente crees que no conozco perfectamente lo que es la deriva neoliberal ?. Mira la Unión Europea no puede encajar una segunda primavera de Pericles, pues la deuda española es superior al 100% de su PIB, that's all, ni más ni menos es la triste realidad. Lo que me sorprende, es que los indepes se entesten en tirar el carro por los pedregales, es algo incomprensible: ¿de verdad piensan qué no sucederá nada ?. 

Lo que se ganó "para la causa" se perderá con un movimiento en falso: una efímera independencia que correrá el riesgo de quedar como una amarga anécdota en los libros de historia. Se activará no ya el famoso 155, se activará el artículo 8 de la Constitución: aquel que arranca los motores de las máquinas del Ejército. Sí, no te extrañes, el ejército.  Si queremos no ver muertos en la calle, mejor será que los  que se fumaron la realidad del Parlamento de Catalunya, toquen de pies en el suelo y opten por correr a buscar interlocutores, ¿cuales?, ¡los que sean!. Así será más que probable que una agobiada e insolidaria Europa, auspicie una fórmula en base a una consulta, esta vez sí, con todos sus ingredientes correctos. Cataluña está sola en este viaje, dividida y pendiente de decidir incluso, que puñetas de República será. No es momento de sentimientos, es momento de cordura dentro del arrebato. ¿Te parece contradictorio?, pues a mí no. Oye, utilizad para llegar a acuerdos a los apestosos equidistantes entre los que me encuentro y así nadie se manchará las manos.

Mejor que hablemos. De no hacerlo, tendremos que convivir con la vergüenza de un desastre que nos dejará huérfanos. Por cierto, habiendo citado a una francesa a la que sajaron el cuello, permíteme que hable de otra dama que disfruta con los cadalsos. Cuando el pasado viernes, en el cierre de la campaña del referéndum, escuché a la Señora Mireia Boya de la CUP gritar a los Comunes como si estuviese proclamando una guerra, y decirles que había que tomar partido, que no entendiesen  el referéndum como una movilización, pues lo que se pretendía era proclamar  la independencia de Catalunya, ¿sinceramente?, me cagué. Algo me está chirriando, no perdono que en el movimiento hacia una supuesta y anhelada libertad, una diputada –supuestamente demócrata- advierta, de forma salvaje, que si no se proclama la secesión, "Roma no pagará a traidores". Dijo con mucha ligereza que los independentistas tenían memoria y que no les perdonarían nunca. ¿Sabes lo peor?, nadie le quitó el micro, nadie de entre los participantes en el acto le afeó semejante salvajada.

¿Qué con quién estoy?. Mira que os gusta a todos que os acompañemos por pelotas. Yo estoy con la jodida necesidad de dejarme de puñetas, de afear a todos los indepes y unionistas que no se sienten a hablar de una jodida vez. ¿Qué os pensáis?, a ver si os vais enterando, me va una higa en que se deba pactar y me va una higa quien lo pacte. Pero dejaos de proclamaciones unilaterales bajo la excusa de que la cosa es imparable. ¡Copón bendito!, ¿no nos llenamos la boca de que todo está por hacer y que todo es posible?. ¡Ah!, ¿me dices que sí?. Pues has de saber que esa es la misma apreciación que apunté en mi misiva a la zarzuela. ¿Qué el Rey no escucha?, ¡copón otra vez!, ¡pues escuchad vosotros!. Que con lo que se haga o deje de hacerse, nos la jugamos todos.

POLITICA ES MORAL 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

TORMENTA Y CALMA


Ahí estábamos, perplejos frente al colegio electoral que habían precintado los mossos de esquadra que nos miraban con una mezcla de tristeza y rabia. También se acercó un sargento de la Policía Local y conversó con algunos de los presentes intentando apaciguar los ánimos. Poco éxito tuvo en su iniciativa, pero siendo vecino y guardia veterano, al menos se le escuchaba por tramos. Algunos de los frustrados votantes -los de mayor edad- le dijeron que no se preocupase, que estaban “fins els collons” (hasta los cojones), pero que no pasaría nada. Tan solo querían que alguna cámara de alguna tele o que los centenares de teléfonos móviles escampasen lo que sucedía en Cataluña por todo el orbe.

Se fue el municipal y todos seguimos conversando entre algunas henchidas proclamas. Yo me discutí con un par de amargados que me acusaban de cobarde por no haberme posicionado por el sí a la independencia y que sin duda –decían- estaba disfrutando con el fracaso. Digo que me discutí por ser prudente, la verdad es que estuve a un tris de liarme a puñetazos. Algunos amigos mediaron y nos separaron llevándonos a las esquinas de un figurado ring. Los muy imbéciles no sabían que los otros, aquellos a los que llamaban unionistas, decían de mí absolutamente lo mismo. No sé, eran malos tiempos para la lírica, ¿qué les voy a explicar que no sepan?.  En cualquier caso, les diré que no siento miedo ante situaciones difíciles y no me falta el valor para comprometerme en acciones peligrosas o que conlleven riesgo. Ya lo decía mi madre: “nenico, si no estás en una estás en otra”.

Lo que no esperaba, bueno, lo que no esperaba nadie, fue lo que sucedió cuando ya los ánimos templaban. Apareció un todo terreno de la Guardia Civil circulando a gran velocidad y fue a detenerse frente al morro del Seat León de los Mossos. Bajaron dos guardias aspectualmente muy jóvenes y frente al silencio expectante de la gente gritaron: “¡dejen de acosar a la policía o aténganse a las consecuencias!. Miren ustedes, cuanto menos la amenaza sonó vacía, pues ni los policías autonómicos estaban acosados, ni ninguno de los que estábamos discutiendo acaloradamente les prestábamos la más mínima atención. Bueno, no es cierto, una señora les regaló unos claveles y ellos -correspondiendo al delicado presente-  se los colgaron en el cinto.

Cierto, disculpen, regreso a la Guardia Civil. Nada, el que parecía mayor de los dos era un cabo y parecía disfrutar escuchándose. Repitió aquello de las consecuencias un par de veces más y aquella supuesta turba de vecinos perplejos, rompió a aplaudir. Imaginen, los dos dignos representantes de la Benemérita se quedaron a cuadros. Imagino que no podían entender que en lugar de piedras, la gente les lanzase aplausos. No sé, tuvo gracia la cosa. Me acerqué a su vehículo y oí como el guardia le decía al cabo: “copón bendito, ¿pero esto que pijo es?. Ahí vine a darme cuenta de que el muchacho era, sin lugar a dudas, de algún lugar entre Mazarrón y Torre Pacheco. Vamos, que era murciano y concretamente del campo de Cartagena.

Largándole la mano y con la mejor de mis sonrisas (créanme que totalmente sincera) le dije: “¡acho!, no seáis atravesaos y sepas que podéis hablar abonico que toda esta gente no es sorda y para mí que no dais pie con bola”. Me miró ojiplático y oigan, me dio la mano. Se la encajé con ganas y no perdí la oportunidad de expresarle lo contento que estaba de encontrarme con un paisano. Los guardias se miraron y tras ello, clavaron la vista en mi: “oiga, ¿usted venía a votar?. Contesté que claro, pero que pretendía votar en contra, es decir, no. Volvieron a mirarse y perseveraron: pero…, esto es ilegal. ¿Lo sabe usted?. Me puse paciente para decirles que claro que lo sabía, que este referéndum no tenía ninguna garantía, pero que la cosa era otra. La cosa era que teníamos un problema, que el Estado no podía mirar a otro lado cuando tantas personas deseaban marcharse de mi amada España, que hacía tiempo que debíamos haber cambiado las cosas para que todo y todos encajasen en un país fuerte y orgulloso de su pluralidad. Eso significaba mí no, pues si los indepes se habían fumado la legalidad, el Gobierno, en su cerrazón, se había cargado el estado de derecho. Les dije que un sistema basado en la corrupción, manifiestamente, no podría reflotar a la piel de toro. Vamos, que mí no pretendía ser un minúsculo heraldo de un cambio en nuestro país y que los del sí –bien o mal guiados- creían haber encontrado la fórmula para acabar con el latrocionio.

Realmente no sé si me entendieron o mejor dicho si supe hacerme entender, pero ya envueltos por un montón de gente, que intrigada, seguía la conversación, el cabo me preguntó: ¿usted es murciano?. ¡Pa que más!, le dije expliqué que nací en Barcelona casi por casualidad, que era hijo de cartagenero y fuentealamera (Fuente Álamo es otro pueblo del campo de Cartagena) y que tenía un pie en Murcia y otro en Cataluña. Ambos asentían y ya un pelo relajados, empezaron a preguntar y preguntar: ¿es que ustedes no se sienten libres?, ¿es verdad que aquí obligan a hablar el catalán por cojones?, ¿es verdad que aleccionan a los críos como  los nazis?, nos dicen que los políticos españoles han pedido escolta para ellos y sus familias ¿es cierto?.

Imaginarán que mucha pregunta era, pero como les apuntaba, un montón de personas se avino a dar cumplida respuesta, eso sí, un poco atropelladamente. Uno de nuestros vecinos, Pracons, que es grande como un San Pablo, puso orden y en un santiamén, más de doscientas personas, parecíamos el público del programa “Tengo una pregunta para usted”. ¿Saben?, en mi tierra, decimos que tenemos una papeleta cuando algo es un embrollo pero yendo la cosa de votar y no poder hacerlo, la confraternización con los civiles valió –también como decimos allí- más que muncho. Ahora, echando la vista atrás, me viene una sonrisa a la boca pues pienso en cómo nos debió ver el dron que nos sobrevolaba en aquel momento: gentes vestidas de blanco y ociosos, con dos mossos de esquadra despistaos y dos guardias civiles petant la xerrada, vamos, conversando.

Miren ustedes que el mundo es pequeño. Resultó que el guardia joven era primo segundo por parte de padre de Pedro, el hijo de mi prima hermana Isabel. Es algo que hacemos siempre en Cartagena, olisquearnos para obtener respuesta a aquello de y tú, ¿de quién eres?. Un año y pico después coincidimos en la boda de Lucía, la hermana de Pedro. No se imaginan la pechá a reír que nos pegamos recordando el embrollo del 2017. A veces, mal que nos pese, solo el sacudir el avispero nos obliga a correr hacía las soluciones. Así fue entonces, acabamos por modificar la Constitución y con algunos o bastantes dimes y diretes, volvió la calma tras la tormenta.

POLITICA ES MORAL

domingo, 24 de septiembre de 2017

LA PATAFÍSICA DE LOS HECHOS DE OCTUBRE


Los pueblos felices no tienen historia. Raymond Queneau

Queneau, miembro del Colegio de la Patafísica (lo que está alrededor de lo que está más allá de la física) nos explica que la misma es la  ciencia que regula las excepciones. Junto a sus compañeros de escuela, estableció que se trata de una ciencia de soluciones imaginarias. Vamos, que no puede establecerse relación entre lo particular y  el interés general y que se rechaza cualquier generalidad o universalidad. En resumen, la patafísica no puede ser teorizada en base a sus contenidos: es la patafísica la que especula sobre las particularidades.

Habrán de perdonarme, pero lo que ahora estamos sufriendo en Catalunya y España – tanto monta Isabel como Fernando- es, no lo duden, un caso práctico de patafísica de medio pelo. Aquí todo quisque se ha hecho traer la realidad a su fragua y ha forjado la realidad que le ha dado la gana. Eso sí, estamos a las puertas del décimo mes del calendario. La cosa me lleva a pensar que estamos a dos minutos de reproducir lo que la historia de nuestro Siglo XX denominó los Hechos de Octubre de 1934: la proclamación de la República Catalana y la posterior represión de lo que se consideró un acto de guerra contra la República Española por parte de la Generalitat de Catalunya.

Les ruego que no se sorprendan, somos un pueblo dado a reeditar los problemas. No lo duden, me jode sobremanera ver paralelismos entre situaciones separadas por 84 años. Es muy molesto, pero me gustaría que algún estadista nos hiciese el puñetero favor de entender que conocer el pasado habrá de sernos útil en el presente. Aquel lejano momento, en mitad de nuestro escaso sueño republicano, debería poner luz a nuestro actual atribulamiento. La España de entonces era plural en caracteres pero estos, tras centurias, seguían sin cohesionarse. Ni más ni menos que como ahora. La Segunda República debió atender demasiados frentes en lo social y lo económico, así que la cosa de las naciones y sus identidades era a todas luces relevante,  pero no un asunto vital. Eso sí, el país que teníamos entonces cargaba ideología en cada amanecer: política que con diferentes registros e intereses, buscaba soluciones. Eso no sucede hoy. Ahora gestionamos otras cosas y lo único paralelo al pasado es reconocer las mismas consecuencias de nuestras incapacidades.

La proclamación de la República Catalana parió un Estado Catalán que duró una sola jornada. Proclamada el seis de octubre, fue sometida el día siete. El Gobierno de Lluís Companys fue apresado, también muchos parlamentarios, y junto a los Mossos de Escuadra fieles a la Generalitat, acabaron encarcelados en un barco prisión en el puerto de Barcelona. Receta vieja y harto eficaz, los cañones en la Plaza de Sant Jaume y los legionarios salvaron a España del separatismo. Diferente pero igual, nuestro próximo octubre se nos estrenará con un estado de excepción last edition pero que también contempla –como antaño- barcos en el puerto de la Ciudad Condal. Ahora sirven de alojamiento a las fuerzas policiales que han venido de toda España para salvarnos. ¿Saben?, no puedo evitar pensar en que puedan tener otros usos.

Este pandemonio que ahora nos vemos obligados a vivir, no es ideológico. No es algo basado en confrontaciones sobre modelos sociales, se trata del final de una huida hacia delante de unos representantes políticos que, habiendo hecho de la Democracia un latrocinio, han llevado a la ciudadanía a pensar con el corazón cuando más necesitaba el cerebro. No somos un pueblo feliz, es cierto, pero no es tan solo debido a la propia naturaleza del hombre: cuando la economía iba a toda vela, la identidad  habitaba en la matriculación de automóviles y la concesión de hipotecas. Se acabó la fiesta y buscamos la fe que perdimos por culpa del vellocino de oro. Los sacerdotes electos vieron que una masa díscola necesitaba fijar su frustración y rabia de algún modo. Así los antiguos socios políticos se tornaron antagonistas para culpando a otros, justificar el propio fracaso.

Miren, yo no soy independentista, soy de esos equidistantes federalistas de tufo repugnante, pero he de apuntarles una verdad que no podrán contestarme: el movimiento secesionista se ha fumado la legalidad, pero el gobierno de Madrid se ha cargado el Estado de Derecho. Es lo que hay, mi España se ha roto y ahora ya no se trata de independencia sí o no. Ahora se trata de Democracia sí o no. ¿Lo ven?, a vueltas con la patafísica, Madrid y Barcelona se han inventado sus particularidades y nos han dado una maravillosa dicotomía en la que eligiendo bien, unos y otros afirman que seremos felices para siempre jamás.

Malditos hijos de mala madre. Incapaces de sentar el culo y negociar a favor de los que dicen representar, nos harán repetir historias para constatar lo infelices que somos. Eso sí, en los últimos días he visto y oído como se apelaba a la violencia y se recordaba a algunos políticos que su lugar era una zanja en una cuneta. Esos gritos escaparon de gargantas que se declaran como defensoras de España. Yo soy español viejo y catalán a todas luces, no se permitan dudarlo, pero como decía hasta la saciedad mi amado y añorado Leonardo,  a veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado.

Defendí y defiendo el espíritu de los imperfectos constitucionalistas de Cádiz, de los torpes visionarios de la Primera República y de los arquitectos del hermoso sueño de la Segunda: la esperanza por la que lucharon nuestros abuelos. Pero hoy me revelo ante mis esperanzas y niego –remitiéndome a los hechos- que el camino recorrido haya servido de algo. Uno puede cultivar la fe, pero mi Patria ha secado sus ubres y nos condena a la inanición democrática. Hoy, como un itinerante peripatético, me recojo como patafísico y me agarro del brazo del insigne Ortega y Gasset. Cuando el gran impulsor de la caída de la monarquía de Alfonso XIII, observó que el proceso constituyente republicano escondía pecados que enterraban sus virtudes, proclamó a los cuatro vientos “la República no es  esto, no esto”.

Así vivo este amargo momento. Donde Ortega dijo “estos republicanos no son la República”, yo afirmo que quienes gobiernan el estado no son verdaderos españoles, son traidores rentistas que ofenden todo lo que de honorable tiene mí país. Nunca imaginé vivir este fracaso y así deben saber que, ayudado por Federico García Lorca, les afirmo que estoy más cerca y me siento más hermano del chino bueno que del español malo.

Hoy, a mi espalda, me leen mientras escribo. Me han preguntado si me doy cuenta de que ya formo parte de eso que llaman “el problema catalán”. Les soy sincero, nunca lo hubiese imaginado, pero ¿qué puedo decirles?, es lo que tiene contaminarse con Queneau.

POLITICA ES MORAL

jueves, 3 de agosto de 2017

BARCELONA HA CAIDO


Cuando asistí a la representación de “El Precio” de Arthur Miller, tomé conciencia –una vez más- de que hagamos lo que hagamos, siempre provocaremos una u otra consecuencia. No podemos negar que el carácter de una persona lo determinan los problemas que no puede eludir y el remordimiento que le provocan los que ha eludido. Esta idea es aplicable también a entidades de orden superior como las ciudades y entre estas, a Barcelona.

Llevo tiempo observando como la Barcino que aún conserva sus murallas, se ha degradado a niveles de un parque temático financiado con capital de origen desconocido. Afirmo que nada queda de aquella urbe en la que habitó Pepe Carvalho y que empezó su camino a la indefinición allá por el 1986 con la adjudicación de los Juegos Olímpicos de 1992.

No se permitan acusarme de involucionista, pues es bien cierto que Barcelona, antes de la Olimpiada, vivía de espaldas al Mediterráneo, era gris y necesitaba recuperar el color. Pero entender la cosa no facilita omitir los pecados por omisión y premeditación. Abrimos la caja de Pandora y Barcelona se intuyó como un gran negocio. A principios de los noventa se inició una especulación que en aras del beneficio de corporaciones, grupos empresariales y no sé que otros actores económicos, ha ido eliminando la personalidad de la ciudad vieja, del Eixample de Cerdà y de los barrios, fuesen estos fruto de la asimilación de antiguos municipios (Sant Andreu, Les Corts, Gràcia, etc) o consecuencia del desarrollismo de las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo.

En consecuencia, es un hecho objetivo que la ciudad empezó a expulsar a la ciudadanía de sus calles y se abocó a un monocultivo llamado turismo. Se rompieron las correspondencias entre la población que compraba y consumía en su entorno inmediato. Se elevó tanto el precio de la vivienda (tanto de compra como de alquiler), que toda una generación (la mía), buscó acomodo a las afueras de la capital. Las comarcas limítrofes con el Barcelonés llegaron –en algunos casos- a triplicar la población. Imaginen la derivada, Barcino quedó indefensa y se convirtió en una ciudad abierta y sometida a intereses que nunca fueron reconocidos como propios por sus antiguos habitantes.

Me permito insistir, el problema relacional turismo-ciudadanía no es nuevo atendiendo a nuestra actualidad, empezó hace casi treinta años. Era tan grato afirmar que éramos ricos que no dudamos en poner a la venta el alma. De aquellos polvos estos lodos y ahora nos enfrentamos a unos descerebrados que actúan como un remedo de kale borroka a la catalana. Nada excusa semejante comportamiento, pero una cosa está clara, cuando uno se ve perdido, a causa de la incomprensión y el miedo,  hasta muerde la mano que pretende salvarle. Vamos, quiero decir que el turismo genera actividad económica, pero también ha desnaturalizado la personalidad de la ciudad, precisamente lo que le hacía atractiva al visitante.

Una vez fui un niño que paseó de la mano de sus padres por el Barrio Gótico, que comía en el Bar Los Hispanos frente a la Catedral, que visitaba las librerías de viejo y que se encandilaba con las jugueterías tradicionales. De hecho, el centro era un crisol de establecimientos menestrales a cual más curioso y sorprendente. Miren, toda jornada sabatina o dominical en el ombligo barcelonés me permitía descubrir algún aspecto nuevo de la realidad social y económica de la ciudad en la que nací. ¿Añoranza?, está claro, pero no vacía. Recuerdo a los turistas de aquella época y puedo prometer y prometo que siempre tuvimos la sensación de que alucinaban al pasear por las calles. En concreto, un día de julio de 1978, una pareja de italianos preguntaron a mi padre en un aceptable castellano: “¿toda la Barcelona es así?. Mi progenitor contestó que no, que el centro era más especial que otros barrios, pero que Barcelona era una ciudad diferente. No sabía si mejor o peor, pero sin duda diferente. El Señor azzurro rió con ganas y mostró su acuerdo para añadir más tarde: ¡e vero!, no cambien nada. No se trató de una conversación corta, compartimos una convidada antes de separarnos.

Aquellos italianos eran Romanos, hijos de la Ciudad Eterna, pero quedaron encantados con la personalidad de nuestra casa. Hoy no puedo evitar recordarlo, gentes de Roma ensalzando lo que veían en Barcelona, me sorprendió y sorprende. Quizás, en aquel momento, todo lo que representaba Europa nos hacía minusvalorar lo que teníamos al alcance de la vista. Quizás ahí empezó nuestro pecado y seguro que despreciarnos a nosotros mismos nos ha traído al lugar en el que ahora estamos. ¿Qué cuál es?, sencillo, un destino turístico en el que aquellos que nos visitan esperan alcohol y fiesta. En resumen, les importa un carajo la peculiaridad del escenario del desmadre al que aspiran.  ¿Lo ven?, ni monumentos, ni historia, ni rincones peculiares y sí mucho Zara y mucho MacDonals de los cojones. Hoy pasear por Barcelona no difiere en nada de hacerlo por otras ciudades que cayeron antes frente a la voracidad del Imperio de la globalización.

Bien, me regreso a comarcas. Quede clara mi condena a los impresentables del colectivo Arran. Espero que no se traten semejantes cuestiones como simples gamberradas, pues no puedo imaginarme cómo podrían haber reaccionado  unos policías de haberse topado con unos tipos encapuchados atentando contra un autobús, encontrándonos como nos encontramos en plena alerta terrorista. Pero amigos, aquí en el pecado tenemos la penitencia, a la hermosa Barcelona se la están beneficiando las mafias legales y perfectamente organizadas de los fondos de inversión.

No esperemos que nadie salve la plaza. El ejército de la política se vendió hace ya mucho tiempo al beneficio que les provoca la diáspora de sus votantes.

POLITICA ES MORAL

viernes, 21 de julio de 2017

BRAVO POR LA POLICIA LOCAL DE CARTAGENA.


Cartagena: monte sin leña, mar sin 'pescao', mujeres putas y niños 'maleducaos'…

Si algún pisaverde se me tomase la libertad de recurrir a semejante hijoputada en mi presencia, no lo duden, le partiría gustosamente la cara. Nadie ha de venir de fuera a tocar los bemoles a los de casa. En cualquier caso, los que somos de Cartago Nova, tenemos derecho bien ganado a poner a la familia en su sitio.

No sé demasiado bien como acometer la descripción de lo que pasa en la cuna de Carmen Conde. Me doy cuenta de que la incultura es protagonista en las calles y en las virtuales plazas de internet. Uno prefiere pensar que se significan unos pocos y que estos son muy ruidosos, pero pasan los meses sumando años y la joya de mi particular corona de está convirtiendo en un acantonamiento de fascistas carpetovetónicos y enfermizamente orgullosos.

Miren, en España involucionamos, no hemos conseguido normalizar nuestra endémica necesidad de jodernos el alma unos a otros. De hecho, la impunidad de la que disfrutó el aparato de la dictadura a la llegada de nuestra Democracia, ha permitido que el virus del falso patriotismo se conservase incólume a la espera de infectarnos de nuevo. La cosa es como es, la proclama patria pareciera curar todos los males y mientras, por nuestra madre la bandera, seguimos votando a hideputas que nos han robado hasta el aliento. ¡Copón bendito!, que la derecha más reaccionaria acuse de revanchistas a aquellos que reclaman retornar el honor a los caídos en la represión franquista es, cuando menos, un sinsentido y cuando más, una indecencia.

El pasado 18 de julio, la Policía Local de Cartagena realizó una actuación en la que localizó un grupo de extrema derecha que pretendía ensalzar el golpe militar de 1936. Exhibiendo la bandera pre-constitucional, fueron invitados a abstenerse de mostrarla y así fue como unos fascistas de nuevo cuyo pero de tradicional demagogia, apeló a la libertad de expresión para no deponer su actitud. Los agentes actuaron con pulcritud, pero a pesar de ello, para los que sufren de veleidades de salva patrias, el honorable cuerpo es ahora un vertedero de apátridas.

He sufrido con la lectura de los insultos y descalificaciones dedicados a unos funcionarios públicos cuya vocación el servir y proteger a todos los cartageneros. Personajes montaraces que en sus perfiles tienen un altar repleto de iconografía nacional-católica han llamado a somatén e incluso se han permitido amenazar al Consistorio con denunciar a la policía. Lo dicho, los zorros encumbrados en defensores del gallinero.

Cuando algunos ciudadanos han apelado a la calma y reclamado respeto, los nuevos pelayos (algunos demasiado jóvenes para saber lo que fue la dictadura) les han retado a encontrarse en la calle para poner las cosas en su sitio. Ya lo ven, machotes y machotas dispuestos a todo por salvar algo que no saben ni lo que es ni lo que significa.  A la que olían a moderación, lo inmediato era definir al interlocutor como rojo podemita, traidor a España y adornar el tema con una mezcolanza de insultos que me permitiré no reproducir.

La violencia verbal de estas gentes es insondable, el epíteto de rojo como sinónimo de alimaña y el ultraje al término patria es, para estos incapaces  la esencia de su insustancial vida. Además, lo peor de todo es observar que sus posiciones numantinas son fruto de una más que evidente incultura a todo nivel. Me llamó la atención que recriminasen la presencia de banderas republicanas en las calles en otras ocasiones y pueden creerme, uno podría aceptar la equidistancia entre la rojigualda y la tricolor, pero aquí hablamos de algo más profundo y relevante, aquí hablamos de ensalzar un régimen fascista inadmisible para la memoria de cualquier pueblo. ¿Qué duró mucho tiempo?, ¿qué todo era mejor entonces?, miren, no me obliguen a recordarles a Labordeta…

Bueno, en el fragor de apreciaciones y respuestas en el ágora virtual, apareció, como no, Cataluña. Nombrada la bicha, los herederos de la verdadera España empezaron a acusar a los que defendían la actuación de los municipales de traidores. Si se retiraba la bandera con el águila de San Juan, debían quemarse todas las banderas esteladas. Vale, Huston, tenemos un problema, es cierto. En cualquier caso, hagamos el favor de no mezclar churras con merinas. Uno se mea de la risa cuando escucha decir a los ultras cartageneros que ellos no se meten con nadie, que tan solo son verdaderos patriotas y que los protagonistas del incidente tan solo asistían a un acto de conmemoración del día del alzamiento. Apesadumbrados, estos ejemplares ciudadanos, decían tener derecho a pasearse con su propia bandera, que no correspondía denominarla como preconstitucional atendiendo a que el escudo del Águila de San Juan se encuentra estampado en la primera edición de la Constitución Española. No hay más preguntas Señoría.

También, personalidades de reputada trayectoria, afirmaron que cuando salen a la calle los de extrema izquierda a liarla, la cosa no es noticia y que los policías –siendo según ellos todos podemitas- se inhibían con gusto. Acusaban a la Policía Local de provocar enfrenamiento al publicar en su página corporativa la actuación. Decían que de ser rojos los abanderados no hubiesen hecho nada y que ello demuestra que tienen intereses oscuros e izquierdosos. Volviendo una y otra vez con la mula al trigo, uno de los protagonistas del incidente (así lo proclamaba) insistió en dejar clarinete que no era no extrema derecha ni de extrema izquierda, simplemente era un patriota que venía de la celebración de un motivo histórico. Efectivamente, uno no puede negar la mayor, celebraban un levantamiento militar contra la legalidad Española de 1936. Lo dicho, ni puñetera idea el prócer. Otros palmeros, enardecidos por el gran argumento rompieron bravos y gritaron un apasionado Avanti camaradas. Épico, ya lo ven.

El victimismo, en gente cargada de odio es un fenómeno curioso. Fueron legión los que acusaban a las autoridades de persecución y barruntaban todos los males para los policías y el ayuntamiento cuando se les acabase la protección y la impunidad. Podrán imaginar que ya me vi a unos cuantos héroes sacando a pasear a los traidores a España. Excepcional resultó leer a un sabio hacer paralelismo entre la Policía y los comisarios políticos del Frente Popular (el magister confunde la pertenencia de los mismos). Acusó a la institución de perseguir todo lo que no huela a “marxismo cultural”, con la clara voluntad de mantener al pueblo agilipollado y engañado. La traca final la puso un mílite en ciernes con una verdad absoluta: definió a la policía como perros del sistema y afirmó que el hecho de llevar uniforme no les exime de ser unos rastreros a las órdenes de los amigos de los terroristas que odian a su patria. Ahí queda eso.

Abandono el puente con lo más impactante que aportó la noticia publicada. Un cartagenero de pro, en plenitud de sus facultades mentales, afirmó sin empacharse que no puede compararse la extrema derecha con Hitler, pues el führer era de extrema izquierda socialista.

En nada me bajo para el Campo de Cartagena, ya les iré comentando. Por cierto, todo mi respeto y reconocimiento a la Policía Local de mi amada ciudad. Una institución con una indudable y demostrada voluntad de servicio a todos los cartageneros sin discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

POLITICA ES MORAL

martes, 18 de julio de 2017

18 DE JULIO Y EL FASCISMO PATRIO


Pedro Calderón de la Barca, orgullo de nuestro teatro, nos enseñó que siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence. ¿Le ven hoy la utilidad a tamaña idea?. Por mi parte les diré que sí,  que se la veo toda.

En cualquier caso me andaré con tiento, pues este país ha recobrado el orgullo de reivindicar a los fascistas. Deberá ser cosa de nuestros genes, pero en esta España amada, rebrotan los caras al sol cantados por los salvadores de la patria. No habiendo pagado nada por una criminal ilegalidad de casi cuarenta años, reviven las glorias de su infecto pasado y se permiten opinar cuando deberían estar callados. El miedo a la violencia que sin duda hubiesen ejercido de no encontrar acomodo en la nueva Democracia, les permitió que valientes estadistas como Adolfo Suarez hiciesen encaje de bolillos para llegar a un equilibrio entre verdugos y víctimas. ¿Qué exagero?, no, ni mucho menos. Aquí, los golpistas del 18 de julio de 1936, volvieron a vencer sin dar cuartel.

Me micciono hoy en todo y con ganas, no entiendo que un genocida y sus cofrades sigan siendo respetados en nuestros días. Es duro desayunarse con las gentes de la Fundación Francisco Franco mientras sueltan bilis frente a un enorme cartel que reza “derecho al alzamiento”. ¿Qué hemos conseguido con el orden constitucional?, yo les respondo. En nombre de la libertad de expresión, los que debieron cerrar la boca en los limos del olvido, se permiten gritar con orgullo que son fascistas y que el tiempo les ha dado la razón. Se ven a si mismos como vencedores de un combate de boxeo a los puntos. ¡Ah!, y claro, afirman ufanos que la culpa fue de los asquerosos rojos…

Hasta la saciedad he defendido que la Guerra Civil no la ganó Franco y que en realidad la perdió la República. Es un hecho histórico, los seis primeros meses del conflicto fueron de descontrol social por parte de las instituciones, se cometieron tropelías sin nombre que avergüenzan a cualquier nacido de madre y el esfuerzo de guerra se perdió en guerras intestinas que debilitaron sus opciones de imponerse a la hipócritamente llamada zona nacional. Amén a todo hermanos, pero corresponde analizar como combatieron los fascistas y también deducir las razones para que la guerra durase tanto tiempo. No olvidemos que es objetivable  que la mezcolanza de las unidades leales a la República no llegaba ni a la suela del ejército que comandaba el atiplado Caudillo.

La guerra fue un genocidio bien estructurado, la encarnación del horror como arma de destrucción masiva, la base práctica para las teorías que se extenderían durante la Segunda Guerra Mundial y también tras ella. La cosa era sencilla, tras tomar una población, se ejecutaba a parte de los prisioneros y se les dejaba en mitad de la calle como aviso a navegantes, al resto se les daba matarile a las afueras de sus pueblos y se les habilitó como residencia eterna las cunetas de las carreteras y caminos. Se atentaba contra las mujeres vejándolas y convirtiéndolas en la parte más visible del sometimiento de la retaguardia (les invito a que revisen las teorías del malnacido Doctor Vallejo Nájera). Fueron puestos en práctica bombardeos aéreos estratégicos (no tenían objetivos militares) para minar la moral de la población civil en la retaguardia. Es decir, se llevó la guerra y su violencia a aquellos que no empuñaban armas. En resumen, la lucha se dio en las líneas de frente, es cierto, pero lo que se deseaba realmente era exterminar cualquier atisbo republicano o libertario. Se buscaba el sometimiento absoluto, sembrar de sal el libre pensamiento para que nunca volviese a rebrotar en el imaginario de los españoles. ¿Lo ven?, un genocidio de almas, la máxima aspiración de los fascismos.

Acabada la guerra, incluso se promulgó una ley que obligaba a los vencidos a regresar a sus domicilios previos al golpe de estado. La cosa estaba clara, o te exiliabas o regresabas a casa para que te cobrasen tus pecados rojos. En muchas ocasiones –pueden imaginarlo- con la propia vida. No me extenderé más, pero los cuarenta años de paz, que sin lugar a dudas dieron a las gentes tranquilidad y llegada la década de los sesenta del pasado siglo, prosperidad,  nos castraron la humanidad que debió hacer que la dictadura acabase al menos con una Revolución de los Claveles al modelo portugués. No pudo ser, el Estado fascista, maquillado para ser digerible por la comunidad internacional, sobrevivió bajo una falsa librea y fue el encargado de confeccionar una Democracia en la que ni Dios les reclamase pagar sus pecados.

Miren, España es, tras Camboya, el país que tiene más fosas comunes en todo el mundo. Curiosamente los herederos de los asesinos siguen tranquilos e incluso cuentan con el apoyo de historiadores revisionistas que se entestan en dejar muy claro que Franco y sus generales eran muy buena gente y que hicieron lo que hicieron por no quedarles otro remedio.

En Austria se demolerá la casa de Adolf Hitler, aquí subvencionamos el mantenimiento del Valle de los Caídos. Lecciones las justas, ¿estamos?.

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