Tiempo hace que ando observando
la novedosa propuesta que Podemos parece traer a la política de la piel de
toro. Créanme, la sensación fue ilusionante, pero pasando el tiempo se han
despertado más dudas que certezas…
Todo estímulo que lleve a que la
sociedad despierte es intrínsecamente positivo, todo lo que provoque respuesta
frente a la apatía es necesario y bueno, pero no cabe duda de que la reacción
de un pueblo debe basarse en el criterio subjetivo que más tarde genera lo que llamaríamos
“conciencia común”. Los mantras vacios de contenido son útiles para unos pocos
pero no para la mayoría.
Podemos crece en base a los
espacios que la izquierda tradicional abandonó. Es lo que no hicieron PSOE e IU
lo que dota de contenido vacio a la propuesta que lidera Pablo Iglesias. La caída
de los gigantes y los pecados de los mismos es lo que les alimenta de
argumentos…
Me preocupó sobremanera la
sempiterna frase que se repite en los mítines y círculos, “no somos ni de
izquierda ni de derecha”. Es cierto, tampoco la actual izquierda parece
pertenecer a ningún sitio definido, no en balde se ha trasmutado como un
camaleón cada vez que ha sido necesario. Como ya he reflexionado en otras
ocasiones, se arrimaron al querer de las élites extractivas olvidando
interesadamente que era, precisamente de estas, de las que tenían que proteger
a la ciudadanía de base…
Y aquí llegamos. Siempre he considerado
que la integridad está por encima de la ideología, pero precisamente esa
integridad es lo que quita o da razones. Podemos empieza, en su crecer
supuestamente exponencial, a dar muestras de no ser lo que parece. Apelando al
sentido común pretende una base social amplia, lo que el propio líder del “movimiento”
denomina “una marca ganadora”. Todo cabe en una olla que sin receta definida
quiere llenar estómagos y mentes.
No vale todo, de veras, no vale
todo. No es suficiente cambiar las formas de participación ciudadana (cuestión
necesaria y que particularmente defiendo a capa y espada), tras las formas debe
existir fondo y propuestas reales de futuro. De futuro, pues no es cierto que
tras una hipotética victoria de Podemos en unos comicios generales, los
problemas se solucionasen como por ensalmo.
Miren ustedes, cambiar la
realidad no se basa en el inmediato frentismo. Cambiar la realidad pasa por advertir
de que el camino será largo y agotador.
Por mucho que se bajen los sueldos de los representantes políticos, por mucho
que se consiga una verdadera transparencia en la gestión de las instituciones,
los resultados percibibles por la ciudadanía tardarán en llegar.
Podemos omite las espinas y
focaliza en la ilusión de un pueblo ya instalado en el agotamiento, la desesperación
y la rabia. Yo soy uno de esos ciudadanos que como muchos ha encajado la
crisis, los abusos y ha soportado a delincuentes a los que los votos han dado
patentes de corso. Pero precisamente por ello, no puedo felicitarme por una
propuesta que afirma (en palabras de Jesús Montero) que el Banco de Santander
no forma parte de la casta cuando todos sabemos que es y ha sido la sabia de la
casta misma. No acepto que se caiga en el cacareado “tu mas” cuando se pilla de
vellón a un dirigente por evasión de impuestos y los círculos responden que “todo
se trata de un ataque para evitar que lleguemos al poder”…
Soy consciente de que es ingrato
ir contracorriente, pero la verdad es necesaria y ahora más que nunca. Recuerdo
a los movimientos de masas del pasado. Los adalides de la “voluntad popular”,
ya lo he comentado anteriormente, acabaron siendo apoyados por élites que
supuestamente eran sus antagonistas.
Por cierto, a fin de clarificar
posiciones, soy de izquierdas, creo que la empresa es un bien social en sí
misma, que crear riqueza aporta tributación susceptible de establecer una
verdadera sociedad del bienestar, que todo cambio empieza por trabajar sin
esconder la realidad.
Podemos cambiar las cosas, una
sociedad más justa sin duda es posible, pero lo que haya de ser deberá basarse
en los hechos y no en las palabras. Cuando escuché aquello de “su odio nuestra
sonrisa”, empecé a ponerme serio…
POLITICA ES MORAL






